Deseo mimético
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La gente tiene el deseo de parecerse más a sus modelos a seguir copiándolos.
El deseo mimético es un concepto filosófico, antropológico y psicológico que postula que los deseos humanos son inherentemente imitativos: las personas desean objetos y estados no porque los anhelen espontáneamente, sino porque ven a otros — modelos significativos — deseándolos o poseyéndolos. El concepto se desarrolló sistemáticamente en las obras del filósofo y antropólogo cultural francés René Girard y posteriormente encontró aplicación en psicología, sociología, economía y marketing.
2 La estructura del deseo triangular
3 Deseo metafísico
4 Rivalidad y escalada del conflicto
5 Paralelismos en psicología: Bandura y la teoría del aprendizaje social
6 El deseo mimético en la cultura y la sociedad
7 La imitación en el aprendizaje
8 Deseo mimético y medios de comunicación de masas
9 Crítica de la teoría
10 Metafísica de la identidad y el deseo
11 Aplicaciones políticas e históricas
12 Aplicación en psicoterapia
13 Girard en el contexto de la filosofía occidental
14 La teoría en un contexto académico
René Girard y el origen del concepto
René Girard (1923-2015) fue un pensador francoestadounidense que combinó la crítica literaria, la antropología y los estudios religiosos en su obra. Nacido en Francia y trasladado a Estados Unidos en 1947, desarrolló la mayor parte de su carrera académica en universidades estadounidenses, incluyendo Stanford, donde formuló su "antropología fundamental": un intento de explicar los orígenes de la cultura, la religión y la violencia a través del mecanismo común de la imitación.
La idea del deseo mimético apareció por primera vez en su primera obra, Mensonge romantique et vérité romanesque (1961). Al analizar las novelas de Cervantes, Stendhal, Flaubert, Dostoievski y Proust, Girard descubrió una estructura subyacente común: los personajes no eligen sus deseos por sí mismos, sino que los reciben de un intermediario, una figura a la que imitan. Posteriormente, desarrolló esta observación en una teoría antropológica, extendiéndola mucho más allá de la literatura.
El hombre es una criatura que no sabe qué desear y, por lo tanto, recurre a otros para tomar decisiones. Deseamos lo que otros desean porque imitamos sus deseos. — René Girard
La estructura del deseo triangular
Girard denominó su modelo de deseo «triangular» o «mediado», en contraste con el modelo lineal «sujeto objeto». El constructo de Girard se compone de tres polos: el sujeto (quien desea), el objeto (lo deseado) y el mediador (el intermediario cuyo deseo reproduce el sujeto). El mediador no es simplemente un modelo de conducta; infunde valor al objeto. Sin el mediador, el objeto podría pasar desapercibido.
Fundamentalmente, el sujeto suele desconocer este mecanismo. Está convencido de la autonomía de sus deseos, de que algo interno, personal, lo atrae hacia el objeto. Fue precisamente esta ilusión la que Girard denominó «mentira romántica», contrastándola con la «verdad novelesca» que los grandes escritores revelan al demostrar el origen imitativo de sus personajes.
Mediación externa e interna
Girard distinguió dos tipos de mediación fundamentalmente diferentes dependiendo de cuán cerca esté el mediador del sujeto en un sentido “espiritual”, es decir, si se encuentran en circunstancias de vida comparables.
La mediación externa ocurre cuando la distancia entre el sujeto y el mediador es grande, ya sea social, histórica u ontológicamente. Un ejemplo clásico de Don Quijote: el propio Don Quijote imita al caballero Amadís de Gaula, un personaje novelesco fundamentalmente inalcanzable que no puede convertirse en un verdadero rival. Sancho Panza, a su vez, imita los propios deseos de Don Quijote, pero al existir en "mundos" diferentes, sus deseos no se cruzan directamente y no surge la rivalidad. Un niño que imita a sus padres, un adulto inspirado por un héroe histórico: todos estos son casos de mediación externa.
La mediación interna es una situación en la que el mediador y el sujeto se encuentran al mismo nivel y pueden reivindicar el mismo objeto. Es aquí donde la imitación tiende a convertirse en rivalidad: el mediador se convierte tanto en modelo como en obstáculo. Girard observó este tipo de mediación en las novelas de Stendhal, donde los personajes envidian a sus contemporáneos en lugar de a ideales lejanos, y lo consideró un rasgo característico de la sociedad moderna, con su acentuada igualdad entre las personas.
Deseo metafísico
Girard estableció otra distinción dentro del deseo mimético: entre la mímesis de apropiación y el deseo metafísico. El primero es el deseo de poseer el mismo objeto que otro posee. El segundo es más profundo: el sujeto desea no solo un objeto, sino la existencia misma del mediador, su plenitud, certeza e integridad. El objeto se convierte en un mero símbolo, un «pase» al estado de existencia deseado.
El deseo metafísico explica una paradoja común en la vida cotidiana: una persona logra lo que desea — compra un coche, consigue un trabajo, gana reconocimiento — y, sin embargo, no experimenta la satisfacción esperada. Esto ocurre porque el verdadero objeto del deseo nunca fue un objeto específico. Detrás de él se esconde algo más: una sensación de plenitud que el sujeto veía (o imaginaba) en el mediador. Girard llamó a esto «idolatría del prójimo»: la deificación de otra persona que, en la opinión del sujeto, posee lo que a este le falta.
Rivalidad y escalada del conflicto
El mecanismo de la rivalidad se desprende lógicamente de la estructura del deseo triangular. Cuando dos sujetos imitan los deseos del otro (doble mediación), sus deseos se refuerzan mutuamente. La resistencia, la indisponibilidad o la oposición activa del mediador hacen que el objeto sea aún más atractivo, no a pesar del obstáculo, sino precisamente gracias a él. Los rivales empiezan a pensar cada vez menos en el objeto y cada vez más en el otro; el objeto mismo pierde gradualmente su valor intrínseco, convirtiéndose en un pretexto para la lucha.
Girard describió este proceso como una "crisis mimética": un estado de violencia creciente en el que las diferencias originales entre las personas se borran y cada persona se convierte en un reflejo de la otra. Históricamente, las sociedades han encontrado una salida a esta crisis mediante el mecanismo del "chivo expiatorio": la agresión colectiva se redirige hacia una persona o grupo, a quien se culpa del caos general. La destrucción o expulsión de la víctima restableció temporalmente el orden, pero no eliminó la causa raíz del conflicto.
El mecanismo del chivo expiatorio
La víctima es elegida no por su culpabilidad real, sino por el principio de la diferencia: debe ser lo suficientemente "extraña" para que su exclusión parezca un acto consolidador, y lo suficientemente "amiga" para que su sacrificio tenga un significado simbólico. Girard creía que este mecanismo subyace a los rituales sacrificiales arcaicos: las comunidades primitivas descubrieron que la violencia ritual amortigua la violencia espontánea y consagraron este descubrimiento en sus prácticas religiosas.
Girard asignó un papel central a los textos bíblicos, en particular a los Evangelios, en la exposición del mecanismo del chivo expiatorio: en ellos, por primera vez, se declara abiertamente inocente a la víctima, rompiendo así el autoengaño colectivo. Esto convirtió la teoría de Girard en algo simultáneamente antropológico y teológico, y precisamente por ello, provocó una reacción diversa en los círculos académicos.
Paralelismos en psicología: Bandura y la teoría del aprendizaje social
Independientemente de Girard, los psicólogos estudiaron la imitación como mecanismo de adquisición de conductas. Albert Bandura desarrolló la teoría del aprendizaje social, que postula que las personas adquieren nuevas conductas mediante la observación de modelos: individuos significativos de su entorno. La investigación de Bandura, incluyendo los famosos experimentos con el muñeco Bobo de la década de 1960, demostró que observar la conducta de un modelo es suficiente para imitarla, incluso sin refuerzo directo.
Existe una diferencia fundamental entre Girard y Bandura. Bandura describe la imitación como un proceso cognitivo: el observador almacena patrones de comportamiento en la memoria y los reproduce en condiciones apropiadas, guiado por la recompensa esperada. Girard, sin embargo, habla de algo más profundo: la imitación del deseo mismo, no solo de la acción. Una persona adopta no solo el comportamiento del modelo, sino también su aspiración, y esto es precisamente lo que crea la base del conflicto.
Los episodios de deseo mimético están guiados por un tipo especial de creencia sobre el modelo — las “creencias custodio” — que difieren de las creencias instrumentales “delgadas” que subyacen a la teoría de la cognición social de Bandura.
Los investigadores que han comparado ambos conceptos observan que describen diferentes niveles del mismo fenómeno: la teoría de Bandura explica mejor la adquisición de habilidades específicas, mientras que la teoría de Girard explica mejor la formación de objetivos y valores en sí.
Modelos a seguir en el desarrollo infantil
Los datos de la psicología del desarrollo confirman el papel central de la imitación incluso en las primeras etapas de la vida. Los bebés imitan las expresiones faciales de los adultos durante las primeras semanas de vida. Los niños en edad preescolar imitan con facilidad las acciones de sus padres, cuidadores y niños mayores, especialmente aquellas percibidas como socialmente significativas o prestigiosas.
Bandura demostró que los niños son más propensos a imitar modelos similares a ellos en edad, género y estatus social. Esto concuerda con la noción de Girard sobre la mediación interna: cuanto más cercano es el modelo, más fuerte es la identificación, pero también mayor es el riesgo de rivalidad. Padres, maestros y hermanos mayores actúan como los primeros mediadores del deseo: conforman el repertorio inicial de aquello por lo que vale la pena luchar.
El deseo mimético en la cultura y la sociedad
La teoría de Girard trasciende la psicología individual y ofrece herramientas para analizar sistemas culturales completos. La moda, el prestigio y la competencia social pueden describirse mediante el mecanismo de la mediación. El deseo de mejorar el estatus social no es autónomo: existe solo en la medida en que existen otros cuyo estatus se percibe como un modelo deseable.
La dinámica de la sociedad de consumo es particularmente reveladora. Las estrategias de marketing que explotan la imagen de personas "exitosas" funcionan precisamente porque los compradores potenciales las ven como mediadoras: una persona que posee el "ser" deseado. El producto en sí mismo puede ser neutral; su valor se construye a través de su conexión con un modelo a seguir que se desea emular.
Envidia, rivalidad y violencia
Girard consideraba la envidia como una consecuencia inevitable de la mediación interna. El sujeto admira y odia simultáneamente al mediador, porque este posee lo que al sujeto le falta. Girard denominó este sentimiento ambivalente «envidia-admiración» y lo identificó en diversos personajes literarios, desde Raskolnikov hasta Julien Sorel.
Jean-Michel Oughourlian, psiquiatra clínico y estrecho colaborador de Girard, aplicó la teoría del deseo mimético a la psicopatología. Describió cómo la rivalidad se vuelve recurrente: el paciente recrea repetidamente el conflicto inicial, buscando una victoria inalcanzable. Celos, venganza, obsesión: desde la perspectiva de Oughourlian, todos estos fenómenos tienen su raíz en un único mecanismo: la rivalidad mimética, que se retroalimenta a sí misma.
La imitación en el aprendizaje
Entre las aplicaciones de la teoría del deseo mimético, existe una puramente positiva: la pedagógica. Cuando un alumno admira sinceramente a un profesor, adopta no solo conocimientos y habilidades, sino también el deseo de saber. En este caso, el mediador no se convierte en un rival; la distancia entre ellos es demasiado grande. Este es un caso clásico de mediación externa: la autoridad del profesor infunde valor al tema a los ojos del alumno precisamente porque el propio profesor lo trata con evidente pasión.
Bandura lo confirmó experimentalmente: las estudiantes obtuvieron mejores resultados en matemáticas cuando el éxito del modelo a seguir se atribuyó al esfuerzo en lugar del talento innato. En otras palabras, un mediador funciona como modelo cuando la imitación parece alcanzable: se imita la aspiración junto con la creencia de que es alcanzable.
Los peligros de la imitación sin distancia crítica
Sin embargo, la imitación sin reflexión conlleva riesgos. Luke Burgis, emprendedor e investigador que popularizó las ideas de Girard en su libro "El sediento" (2021), escribió que la falta de valores personales estables hace a la persona vulnerable a la constante fluctuación de modelos. Cuando cada nueva figura significativa ofrece un conjunto diferente de deseos, la persona se ve "extendida" en siete mil millones de direcciones: el número de mediadores potenciales. Acumular deseos sin una jerarquía interna no conduce a la satisfacción; solo aumenta la superficie de imitación.
Deseo mimético y medios de comunicación de masas
Cuando Girard formuló su teoría en la década de 1960, el alcance de la mediación pública se limitaba al cine, la televisión y la prensa escrita. Sin embargo, el principio seguía siendo el mismo: las imágenes en pantalla servían como mediadoras del deseo para millones de espectadores. Una celebridad, que mostraba un estilo de vida en el que el espectador percibía la plenitud del ser, desencadenaba el mecanismo descrito por Girard.
La proliferación de plataformas de medios digitales ha multiplicado el número de mediadores disponibles y ha reducido drásticamente la distancia entre sujeto y modelo. Un bloguero o creador de videos con autoridad es percibido como "casi la misma persona", lo que se corresponde con las condiciones de la mediación interna, generando así un mayor deseo y una rivalidad potencialmente más intensa.
Los influencers como intermediarios miméticos
Las investigaciones sobre el comportamiento del consumidor documentan una relación directa entre los atributos del influencer y la intención de compra, donde el deseo mimético actúa como mediador en esta cadena. Un estudio con 302 representantes de la Generación Z en el sector hotelero demostró que las características del influencer (su credibilidad, atractivo y experiencia) influyen en el comportamiento del consumidor indirectamente, pero a través del deseo mimético: primero, surge el deseo de emular al influencer, y solo entonces se produce la compra del producto.
Un estudio independiente sobre influencers virtuales reveló que la congruencia entre un personaje virtual y la marca anunciada fortalece el deseo mimético y la adhesión a la marca, incluso a pesar de la aparente artificialidad del modelo. Esto sugiere que el mecanismo de mediación no solo opera con personas reales: la percepción de plenitud de ser del modelo, ya sea persona, personaje o avatar, es suficiente para activarlo.
Crítica de la teoría
La concepción de Girard ha recibido una amplia aceptación, pero también ha recibido serias críticas. La principal crítica se centra en su totalidad: la afirmación de que todos los deseos son miméticos es difícil de verificar empíricamente y no deja espacio para los deseos que surgen de necesidades biológicas o de la experiencia sensorial directa.
Los críticos también han señalado que Girard basa su teoría principalmente en fuentes literarias, más que en datos sistemáticos. La literatura selecciona y enfatiza el conflicto; esa es su función artística; proyectar la lógica de los personajes literarios sobre el deseo humano en su conjunto es quizás confundir la peculiaridad de un género con una propiedad de la realidad.
Finalmente, la teoría del deseo mimético describe principalmente el aspecto motivacional: por qué las personas desean lo que desean. No ofrece un mecanismo psicológico detallado que explique cómo se realiza la imitación específicamente a nivel neuronal o cognitivo. En este sentido, se mantiene como un marco conceptual, no como un modelo experimental.
Teoría y neuronas espejo
Varios investigadores han establecido paralelismos entre la mímesis de Girard y el descubrimiento de las neuronas espejo en la década de 1990. Estas neuronas, descubiertas originalmente en macacos, se activan tanto al realizar una acción como al observarla, creando un sustrato neurobiológico para la imitación. Sin embargo, no se ha establecido una relación directa entre las neuronas espejo y el deseo mimético en el sentido de Girard: las neuronas explican la imitación motora, mientras que Girard habla de la adopción del deseo como estado motivacional. Se trata de niveles de análisis fundamentalmente diferentes.
Metafísica de la identidad y el deseo
Tras las aplicaciones psicológicas y sociológicas de la teoría se esconde una profunda cuestión filosófica sobre la identidad. Si el deseo no es originalmente "mío", sino que se recibe de otro, ¿quién es "yo"? Girard no veía fundamento para el nihilismo en esto: reconocer la naturaleza mimética del deseo no significa que sea irreal. Los deseos adoptados de otras personas significativas y que forman parte de la historia personal son muy reales.
Girard distinguió entre la imitación "sacrificial" — la reproducción de los deseos de un rival, lo que conduce a una escalada del conflicto — y la imitación orientada a modelos que trascienden la rivalidad. Consideraba la Imitatio Christi — la imitación de Cristo — como un ejemplo de esta mimesis pura: un modelo que no se convierte en rival porque, fundamentalmente, no reivindica los mismos "objetos" que el sujeto.
Autonomía y dependencia del deseo
Los investigadores contemporáneos que siguen la tradición de Girard plantean la cuestión de la posibilidad de la «autonomía deseable»: la formación de deseos que, si bien surgen de la observación de otros, se someten a una reflexión personal y adquieren su propia justificación. En este sentido, la teoría de Girard conecta con el concepto de «deseo secundario» de Harry Frankfurt: una persona no solo experimenta deseos de primer orden (querer X), sino que también los evalúa (si desea o no que este deseo exista). La conciencia de la naturaleza mimética del deseo crea una distancia desde la cual una persona puede evaluar si vale la pena perseguirlo.
Aplicaciones políticas e históricas
Las ideas girardianas se han aplicado al análisis de movimientos nacionalistas, rivalidades geopolíticas y violencia colectiva. La dinámica de los conflictos interestatales, en los que las partes se refuerzan mutuamente sus agresiones, se describe bien mediante el mecanismo de la doble mediación: cada parte desea lo mismo que la otra, pero al mismo tiempo la ve como el principal obstáculo. Carreras armamentísticas, guerras comerciales, rivalidades deportivas: en todos estos casos, el objetivo (seguridad, prosperidad, victoria) se ve gradualmente suplantado por la lógica misma de la rivalidad.
Peter Thiel, emprendedor y alumno de Girard en Stanford, aplicó la teoría mimética al análisis de la competencia empresarial. Argumentó que las startups suelen fracasar precisamente porque copian ciegamente los deseos de sus competidores — buscando ocupar el mismo mercado, captar los mismos clientes y ofrecer un producto similar — en lugar de buscar nichos de mercado desocupados. La rivalidad mimética destruye el valor que ambos competidores intentan capturar.
Aplicación en psicoterapia
Ughurlyan desarrolló un enfoque que denominó psicoterapia "interindividual" o "mimética". Su método consiste en identificar los puntos nodales del conflicto mimético: los momentos en que la rivalidad se ha arraigado y se ha vuelto crónica. El terapeuta ayuda al paciente a identificar al mediador de sus deseos y a comprender si este deseo es realmente suyo.
Ugurlian describió un caso clínico en el que una esposa, ante la disminución del interés de su esposo, logró recuperar su atención simulando una situación competitiva: creando la imagen de otra mujer como un posible "equivalente". El mecanismo es puramente girardiano: el interés del esposo por el objeto (su esposa) aumentó precisamente cuando este se volvió "deseable para otro", lo que confirma la naturaleza mimética del deseo en un contexto clínico.
Girard en el contexto de la filosofía occidental
La teoría de Girard establece un diálogo implícito con varias tradiciones filosóficas importantes. Se conecta con Hegel a través de la dialéctica amo-esclavo: en ella, el reconocimiento del otro es también una condición de la autoconciencia y, por lo tanto, del deseo. Se conecta con Freud por su énfasis en la naturaleza inconsciente de los mecanismos que rigen la conducta. Se conecta con Nietzsche por su análisis del resentimiento como una admiración invertida y envenenada. Girard, sin embargo, discutió con Nietzsche, creyendo que este no había completado plenamente su análisis y que él mismo había sido víctima de la admiración del poder.
La teoría de Girard también coincide con las reflexiones de Alexis de Tocqueville sobre la democracia. Tocqueville observó que la igualdad de condiciones no reduce, sino que aumenta la envidia: cuando se borran las diferencias formales entre las personas, la más mínima desigualdad real se percibe con mayor intensidad. Esto coincide precisamente con la lógica de Girard: la mediación interna — y la rivalidad asociada a ella — se intensifica precisamente cuando el sujeto y el mediador se perciben como iguales.
Girard y Dostoievski
Dostoievski, escritor al que consideraba el analista más profundo del deseo mimético en la literatura, ocupa un lugar especial en la obra de Girard. Los personajes de Dostoievski — desde Memorias del subsuelo hasta Los hermanos Karamázov — demuestran el mecanismo de la mediación interna en sus manifestaciones extremas: el héroe del subsuelo envidia a su torturador y, al mismo tiempo, desea su aprobación; Rogozhin y Mishkin comparten el mismo deseo y se reflejan mutuamente. Girard vio esto no solo como un recurso artístico, sino también como una prueba documental de la naturaleza de las relaciones humanas.
La teoría en un contexto académico
Aunque el concepto de Girard se originó en la crítica literaria, se ha desarrollado en diversas disciplinas. La organización COV&R (Coloquio sobre Violencia y Religión), fundada en 1990, reúne a investigadores que trabajan en la tradición de la teoría mimética, desde antropólogos hasta teólogos. La revista Contagion: Journal of Violence, Mimesis, and Culture publica trabajos que convergen en las ciencias sociales, la filosofía y los estudios religiosos.
En psicología económica, el concepto de deseo mimético se utiliza para explicar el comportamiento gregario en los mercados financieros: los inversores suelen comprar un activo no porque hayan evaluado de forma independiente sus características fundamentales, sino porque ven que otros, percibidos como mediadores competentes, ya lo están comprando. Esto crea burbujas en las que el precio de un activo aumenta proporcionalmente a la intensidad del deseo mimético, en lugar de a su valor real.
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