Alessandro Botticelli – Madonna and Child with Eight Angels
Ubicación: Gemäldegalerie, Berlin.
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La composición central presenta a una figura femenina sentada, sosteniendo un infante desnudo en su regazo. La mujer exhibe una mirada serena y ligeramente melancólica, con los ojos dirigidos hacia el espectador; su vestimenta, predominantemente azul y rojo, sugiere una jerarquía visual y posiblemente simbólica. El niño, de piel clara y cabellos dorados, se aferra a la figura materna, mostrando un gesto de dependencia y afecto.
Alrededor de esta pareja central, ocho figuras infantiles rodean el grupo. Seis de estos ángeles observan con atención, mientras que dos interactúan directamente con los protagonistas: uno parece ofrecer una cruz, símbolo de sacrificio y redención, y otro sostiene un incensario, posiblemente aludiendo a la oración y la santidad. Los ángeles presentan una variedad en sus expresiones faciales y posturas, sugiriendo individualidades dentro del grupo celestial.
El fondo es un cielo azul pálido con una estructura arquitectónica difusa en la parte superior, que podría representar una ciudad idealizada o el reino divino. La presencia de lirios blancos a lo largo del perímetro circular refuerza la atmósfera de pureza y virtud.
La luz incide sobre los rostros y cuerpos de las figuras principales, creando un contraste con las áreas más oscuras y enfatizando su importancia dentro de la composición. El uso de colores ricos y detallados en las vestimentas y el cabello sugiere una atención meticulosa al detalle y una posible intención de representar la riqueza espiritual.
Subtextos potenciales: La imagen evoca temas de maternidad, divinidad y salvación. La interacción entre la figura femenina y el niño puede interpretarse como una representación del amor maternal y la protección divina. Los ángeles, con sus atributos simbólicos, refuerzan la idea de un entorno celestial y la importancia religiosa de los protagonistas. La cruz ofrecida sugiere la anticipación del sacrificio redentor, mientras que el incensario alude a la oración y la santidad. El círculo como forma compositiva podría simbolizar la eternidad o la perfección divina. En general, la pintura parece transmitir un mensaje de esperanza, fe y la promesa de salvación a través de la figura central y su descendencia.