Alessandro Botticelli – The Rockefeller Madonna (Madonna and Child with Young Saint John the Baptist)
Ubicación: Private Collection
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En esta obra se presenta una escena íntima y reverente que involucra a tres figuras principales: una mujer sentada, un niño pequeño en su regazo y un joven arrodillado frente a ellos. La mujer, vestida con ropas azules y rojas intensas cubiertas por un manto oscuro, sostiene al infante con delicadeza. Su mirada se dirige hacia el espectador con una expresión serena, casi melancólica. Un halo dorado rodea su cabeza, indicando su estatus elevado.
El niño desnudo que ella abraza exhibe una complexión saludable y una postura activa; extiende la mano como si buscara interactuar con el joven arrodillado. Este último, también aureolado, se encuentra en una posición de adoración, con las manos juntas en señal de oración. Su vestimenta es más rústica, compuesta por pieles y telas marrones que sugieren un origen humilde o una vida ascética.
El fondo del cuadro está dividido en dos planos distintos. En primer plano, un paisaje rocoso y boscoso crea una sensación de profundidad y aislamiento. Los árboles desnudos y las formaciones rocosas agregan un elemento de austeridad a la composición. El cielo, difuminado en tonos pastel, proporciona una luz suave que ilumina las figuras centrales.
La paleta cromática es rica y contrastada, con predominio del azul, el rojo y el dorado. La atención al detalle en los pliegues de las vestimentas y en las expresiones faciales denota un alto grado de habilidad técnica por parte del artista.
Subtextos potenciales: la escena podría interpretarse como una representación de la Sagrada Familia, aunque sin elementos explícitamente religiosos que lo confirmen. La diferencia en el atuendo entre la mujer y el joven sugiere una jerarquía social o espiritual. El gesto de adoración del niño arrodillado implica un reconocimiento de la autoridad o santidad de las otras dos figuras. La ubicación en un paisaje natural, alejado de entornos urbanos, podría simbolizar la pureza y la sencillez de la fe. La mirada directa de la mujer hacia el espectador establece una conexión personal e invita a la contemplación. El halo dorado que rodea a ambas figuras sugiere su naturaleza divina o celestial.