Karl Pavlovich Bryullov – Mark the Evangelist. 1843-1847
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En primer plano, destaca una figura masculina con atributos que apuntan a su identidad como un evangelista. Lleva un libro abierto, gesto tradicionalmente asociado con la transmisión de la palabra escrita y la autoridad religiosa. Su rostro irradia serenidad y concentración, mientras que sus manos sostienen el volumen con firmeza. La vestimenta, un manto azul intenso drapeado sobre una túnica roja, acentúa su figura y le confiere dignidad. Un halo dorado rodea su cabeza, señal inequívoca de santidad o divinidad.
A la izquierda de esta figura central, se vislumbra otra persona con barba blanca, posiblemente un anciano o profeta, que parece extender una mano hacia el evangelista. La interacción entre ambos personajes es ambigua; podría interpretarse como una bendición, una guía espiritual o incluso una presentación a una entidad superior.
El fondo está poblado por figuras aladas, presumiblemente ángeles, que se mueven en un remolino de luz y color. Su presencia refuerza la atmósfera celestial y sugiere una jerarquía divina. La pincelada es suelta y expresiva, transmitiendo una sensación de dinamismo y movimiento.
Es notable la inclusión de anotaciones manuscritas sobre la superficie del lienzo. Estas indicaciones, aparentemente realizadas por el artista durante el proceso creativo, ofrecen una visión única de su método de trabajo. Se observan medidas, referencias a colores (C. Cerúleo, C. Ocre) y nombres (“Marca”), que confirman la naturaleza de estudio preparatorio de la obra. Estas notas no solo revelan el proceso técnico del artista, sino que también aportan una dimensión íntima y personal al trabajo.
Subyacentemente, la pintura plantea interrogantes sobre la fe, la autoridad religiosa y la transmisión del conocimiento. La figura central, con su libro abierto y su expresión serena, encarna los valores de la erudición y la espiritualidad. El estudio, a pesar de su carácter inacabado, irradia una profunda sensación de devoción y reverencia.