Irises 2 Claude Oscar Monet (1840-1926)
Claude Oscar Monet – Irises 2
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Pintor: Claude Oscar Monet
1914 - 1917. Tenemos ante nosotros la obra de un verdadero maestro del impresionismo. A menudo trabajaba en plein air. Monet se dio cuenta de que los cuadros que creaba al aire libre eran increíblemente vitales y frescos. En el estudio es prácticamente imposible conseguir ese efecto. En ese caso, el artista sabe de antemano lo que va a representar. El artista asesora a los demás y trabaja él mismo adoptando un determinado enfoque de la realidad.
Descripción del cuadro "Iris" de Claude Monet
1914 - 1917.
Tenemos ante nosotros la obra de un verdadero maestro del impresionismo. A menudo trabajaba en plein air. Monet se dio cuenta de que los cuadros que creaba al aire libre eran increíblemente vitales y frescos. En el estudio es prácticamente imposible conseguir ese efecto. En ese caso, el artista sabe de antemano lo que va a representar.
El artista asesora a los demás y trabaja él mismo adoptando un determinado enfoque de la realidad. Tienes que apartar completamente tu mente de lo que tienes delante. Sólo tienes que pensar en ello hasta que tengas una cierta impresión de lo que ves. La impresión se convierte en un impulso visual que se crea por la influencia de lo que el artista ve en un momento determinado.
Vemos magníficos lirios. Uno tiene la impresión de que no son flores, sino que son un verdadero mar, que atrae con su profundidad. Las transiciones en azul son impresionantes. El pintor no prevé intencionadamente ningún detalle. La expresividad de sus obras está en estos trazos amplios que sorprenden con especial relieve. Los lirios son increíblemente tangibles y al mismo tiempo de cuento.
El artista se esfuerza por no transmitir una imagen clara de lo que ve, sino sus propias impresiones al respecto. En su mente, asocia los iris con un verdadero abismo que atrae y hechiza a todo aquel que lo mira.
El trabajo artesanal del artista es asombroso. Sus colores son frescos y naturales. Siente los más mínimos matices del color y transmite la profundidad de cada matiz. No es casualidad que sólo unos pocos colores de iris estén pintados en los detalles. Lo importante para el artista es el paisaje en su conjunto, que percibe como tal. El espectador mira el cuadro a través de los ojos del propio Monet y penetra en los profundos secretos de su alma.
El artista quiso captar la impresión fugaz de este lujoso cuadro de lirios en flor. Es escurridizo, por lo tanto, muy difícil de conservar en el lienzo. Sólo un verdadero artista puede hacerlo.
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La obra presenta un denso campo de flores altas y delgadas, predominantemente iris, enmarcadas por una vegetación exuberante. El color azul, en sus diversas tonalidades – desde el índigo profundo hasta el violeta más claro – domina la composición, creando una atmósfera casi monocromática que se rompe con toques de amarillo pálido y verde esmeralda en las flores y hojas.
El autor emplea una pincelada vigorosa y visible, construyendo texturas ricas y dinámicas. Las formas no están definidas con precisión; más bien, parecen emerger del fondo, sugiriendo un movimiento constante y una vitalidad orgánica. La luz no incide de manera uniforme sobre el conjunto, sino que se filtra entre los tallos y las corolas, generando sombras profundas y contrastes sutiles.
La disposición de las flores no sigue un orden lógico o simétrico; parecen crecer de forma espontánea, casi caótica. Esta falta de estructura formal podría interpretarse como una representación del poder indomable de la naturaleza, o incluso como una expresión de la subjetividad del artista frente al mundo natural.
El predominio del azul evoca sentimientos de melancolía y soledad, pero también sugiere profundidad y misterio. La intensidad cromática, combinada con la pincelada enérgica, transmite una sensación de pasión y emotividad. La obra no se limita a reproducir un paisaje; parece más bien capturar una experiencia sensorial, una impresión fugaz del jardín impregnada de la sensibilidad del autor. Se percibe una tensión entre la belleza delicada de las flores y la fuerza bruta de su entorno, sugiriendo quizás la fragilidad de la vida frente a la inmensidad de la naturaleza.