In the Garden Claude Oscar Monet (1840-1926)
Claude Oscar Monet – In the Garden
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Pintor: Claude Oscar Monet
241533223.967409244.1390818534.1e6306e48db4e658b33643dd781c1c13 Al pintor impresionista Claude Monet le encantaba representar flores en sus obras. Por eso tenía tantos paisajes creados en distintas épocas del año en los mismos rincones del jardín. El ojo perspicaz del pintor no puede pasar por alto matices como el cambio de una planta en flor por otra, el desvanecimiento de los parterres y las hojas de los árboles.
Descripción del cuadro En el jardín de Claude Monet
241533223.967409244.1390818534.1e6306e48db4e658b33643dd781c1c13 Al pintor impresionista Claude Monet le encantaba representar flores en sus obras. Por eso tenía tantos paisajes creados en distintas épocas del año en los mismos rincones del jardín. El ojo perspicaz del pintor no puede pasar por alto matices como el cambio de una planta en flor por otra, el desvanecimiento de los parterres y las hojas de los árboles. Por eso Claude Monet no se imaginaba sin trabajar en plein air. Así es como el artista consiguió su propio jardín.
En la mayoría de sus cuadros de la naturaleza, las protagonistas son damas. Al parecer, el artista comparó la gracia femenina con la belleza de las flores. Así, en la imagen "En el jardín" podemos ver a dos mujeres o niñas que están ocupadas leyendo en voz alta.
Una de ellas sostiene un libro, la otra mira atentamente a su compañera, como si la escuchara. Ambas damas llevan hermosos vestidos largos. Llevan el pelo bien peinado y sus enormes faldas de crinolina descansan descuidadamente sobre la hierba. Junto a las damas hay un matorral de arbustos con flores de color rojo oscuro. Delante también hay arbustos, pero de menor altura. Están literalmente cargados de flores y capullos, pero las hojas amarillentas ya asoman entre ellos.
Las hojas de los árboles también se vuelven amarillas. La exuberante corona amarillenta, en la que se ven las hojas de la acacia, es como un sombrero de musgo, cubierto por un tronco delgado y brillante. El elegante abedul, con una curva tan grácil en su tronco, está cubierto de hojas doradas de menta. A su lado hay un pequeño árbol de follaje azul. Es el final del verano y las niñas no quieren perderse estos días tan bonitos. Así que los pasan leyendo en el jardín.
Alrededor del claro en el que se encuentran las damas hay un camino, y en la forma en que está pintado, en la forma en que la hierba se curva a su alrededor, se puede sentir una especie de movimiento circular. Quién sabe, tal vez sea un símbolo del cambio de las estaciones, tan recordado por las señales del inminente otoño. Los colores verdes del verano sólo se ven en el propio césped, mientras que las hojas de la mayoría de los árboles son viejas, azuladas y casi grises. Parece que está a punto de amarillear y caerse también.
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En primer plano, dos figuras femeninas se encuentran sentadas sobre el césped. Su postura relajada y su vestimenta ligera sugieren un momento de ocio y contemplación. La interacción entre ellas parece sutil; no hay una conversación explícita, pero sí una cercanía que denota familiaridad o intimidad. La luz, difusa y dorada, baña la escena, suavizando los contornos y creando una atmósfera de serenidad y quietud.
El tratamiento pictórico es característico de un impresionismo tardío; las pinceladas son rápidas y sueltas, capturando la vibración de la luz y la textura de la vegetación. La ausencia de detalles precisos en los rostros de las figuras contribuye a una sensación de universalidad, permitiendo al espectador proyectar sus propias interpretaciones sobre la escena.
Más allá de la representación literal del jardín, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre el tiempo y la memoria. El jardín, como espacio domesticado y cultivado, puede interpretarse como un símbolo de la civilización y la nostalgia por un pasado idealizado. La luz dorada evoca una sensación de melancolía, sugiriendo que este momento de paz y belleza es efímero y está destinado a desvanecerse con el tiempo. La disposición de las figuras, aparentemente absortas en sus propios pensamientos, podría aludir a la soledad inherente a la experiencia humana, incluso en compañía. En definitiva, la obra invita a una contemplación pausada sobre la naturaleza transitoria de la belleza y la importancia de apreciar los momentos fugaces de felicidad.