Flemish painters – Peeters, Gilles (Flemish, 1612-53) 1
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En primer plano, un cuerpo de agua, presumiblemente un río o arroyo, refleja parcialmente el cielo y la vegetación circundante, creando una duplicidad visual que acentúa la quietud del entorno. A lo largo de sus orillas, se extienden matas de hierba y arbustos, pintados con pinceladas sueltas que sugieren movimiento y vitalidad. Un grupo de figuras humanas, vestidas con ropas sencillas, se encuentra a la derecha, dedicándose aparentemente a tareas agrícolas o de recolección. Su presencia introduce una nota de actividad humana en el paisaje, aunque sin perturbar la armonía general del conjunto.
El plano medio está ocupado por árboles de follaje denso y variados tonos verdes y ocres, que se elevan sobre las orillas del río. Estos árboles sirven como un dique visual, separando el primer plano del fondo. Se aprecia una ligera bruma en la distancia, difuminando los contornos de las colinas y montañas que se vislumbran al final del valle.
El cielo, ocupando aproximadamente un tercio superior de la composición, está cubierto por nubes dispersas que permiten ver parches de azul intenso. La luz solar parece filtrarse entre estas nubes, iluminando selectivamente ciertas áreas del paisaje y creando contrastes sutiles de claroscuro. Un pequeño grupo de aves en vuelo añade una sensación de libertad y movimiento al cielo.
La paleta cromática es predominantemente cálida, con tonos ocres, dorados y verdes que evocan la tierra y la vegetación. El uso del color es realista pero idealizado, sugiriendo un paisaje próspero y fértil. El autor parece haber buscado capturar no solo la apariencia visual del lugar, sino también su atmósfera de tranquilidad y armonía.
En cuanto a los subtextos, se puede interpretar esta escena como una representación de la vida rural idílica, un refugio de la agitación urbana. La presencia humana es discreta, integrada en el paisaje sin dominarlo, sugiriendo una relación de respeto y coexistencia entre el hombre y la naturaleza. La luz suave y los colores cálidos contribuyen a crear una sensación de paz y bienestar, invitando al espectador a contemplar la belleza del mundo natural. La composición general transmite un mensaje de serenidad y equilibrio, valores que probablemente eran apreciados en la época en que fue creada esta obra.