Louvre – CORTONA PIETRO DA - Venus appears to Aeneas in the form of the goddess of the hunt
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En el primer plano, tres figuras humanas ocupan el centro del interés visual. A la izquierda, un hombre musculoso, vestido con una túnica azul y portando un objeto que podría ser un tridente o lanza, avanza con paso decidido. Su postura transmite fuerza y determinación. En el centro, otro personaje, ataviado con una armadura roja adornada con detalles dorados, se extiende la mano hacia la figura femenina que le aparece. La expresión de su rostro denota sorpresa y asombro ante la visión divina.
La figura femenina, ubicada a la derecha del conjunto, es la que concentra mayor atención. Vestida con un sencillo manto blanco, parece emerger de entre los árboles, ofreciendo una actitud de bienvenida y benevolencia. Su mirada se dirige hacia el hombre en armadura, mientras que su mano extendida sostiene un objeto alargado, posiblemente un cetro o vara simbólica. A sus pies, un pequeño puto desnudo observa la escena con curiosidad.
En el plano superior, entre las ramas de los árboles, se aprecian varias figuras aladas, presumiblemente querubines, que parecen participar en la divinidad del momento. Su presencia refuerza la naturaleza sobrenatural de la aparición.
La composición general sugiere un encuentro fortuito y trascendental. La luz, dirigida principalmente hacia la figura femenina, acentúa su carácter divino y resalta su papel central en la narrativa. El contraste entre los colores vibrantes de las vestimentas y el verdor del paisaje contribuye a crear una atmósfera de dramatismo y misterio.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la intervención divina en los asuntos humanos, la aparición de lo sagrado en lo profano, y la naturaleza efímera de la belleza y la divinidad. La disposición de las figuras sugiere una jerarquía: el hombre guerrero, el receptor; la mujer, la portadora del mensaje divino; y los querubines, testigos silenciosos de un evento trascendental. El paisaje boscoso, con su densa vegetación, podría simbolizar tanto la protección como el misterio que rodean a la aparición divina. La presencia del mar en el horizonte evoca la idea de viaje, destino y la conexión entre lo terrenal y lo celestial.