Louvre – PIAZZETTA GIOVANNI BATTISTA - Assumption of Our Lady
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En la base, una multitud heterogénea de figuras humanas reacciona al evento que presencian. Se distinguen rostros de distintas edades y expresiones; algunos muestran asombro, otros devoción, e incluso se intuyen matices de incredulidad o temor. La disposición no es uniforme: un hombre vestido con ropas claras, posiblemente un sacerdote o figura de autoridad, levanta sus brazos en señal de bendición o alabanza, actuando como punto focal dentro del grupo terrenal. A su alrededor, las figuras se agolpan, creando una sensación de movimiento y dinamismo. La presencia de libros abiertos sobre el suelo sugiere un contexto religioso, posiblemente una lectura pública o un ritual previo a la ascensión.
La parte superior de la composición está reservada para la glorificación celestial. Una figura femenina, envuelta en vestimentas blancas y con una expresión serena, asciende hacia el cielo, rodeada por una corte de ángeles. Estos seres alados se presentan con actitudes diversas: algunos sostienen a la figura ascendente, otros parecen guiarla o acompañarla en su viaje. La luz que emana del cielo es intensa, creando un halo luminoso alrededor de los personajes celestiales y acentuando su carácter divino. El uso de una paleta de colores cálidos – dorados, blancos y azules suaves – contribuye a la atmósfera de trascendencia y espiritualidad.
La pintura plantea interrogantes sobre la relación entre lo terrenal y lo divino. La reacción del grupo humano sugiere la dificultad de comprender o asimilar un evento tan extraordinario como la ascensión celestial. El contraste entre la humildad y el sufrimiento que se intuyen en los rostros de los presentes, y la majestad y la pureza de la figura ascendente, refuerza esta dicotomía. La composición invita a la contemplación sobre la fe, la esperanza y la trascendencia humana. Se puede interpretar como una representación visual del poder divino y su capacidad para elevar al hombre más allá de sus limitaciones terrenales. El gesto de los brazos alzados, tanto en el personaje central como en el líder religioso, simboliza la súplica, la adoración y la entrega a lo superior.