Metropolitan Museum: part 1 – Johannes Lingelbach - Peasants Dancing
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La arquitectura sirve como telón de fondo: un edificio rústico con balcones y ventanas, posiblemente una taberna o posada, proporciona un marco para la acción. La luz que entra por las aberturas sugiere un interior animado, aunque no se puede apreciar directamente. El autor ha dispuesto este edificio ligeramente descentrado, permitiendo que el paisaje se extienda hacia la derecha de la composición, ofreciendo una perspectiva de profundidad y sugiriendo un mundo más allá del festín inmediato.
La paleta de colores es terrosa y cálida, con predominio de marrones, ocres y verdes apagados, propios de la vida campesina. Los ropajes de los personajes varían en tonalidad, pero se mantienen dentro de esta gama cromática, contribuyendo a una atmósfera de autenticidad y realismo. Se notan toques de rojo y blanco que resaltan algunos detalles, como el delantal de una mujer o la gorra de un hombre.
En cuanto a los personajes, se percibe una mezcla de emociones: alegría evidente en las expresiones faciales y movimientos corporales de muchos, pero también cierta torpeza y desinhibición propias de la embriaguez o la despreocupación. Un hombre con sombrero parece ser el líder o animador del grupo, mientras que otros observan desde la periferia, algunos sentados sobre un banco o al pie de un árbol solitario que se eleva en el extremo derecho de la escena.
La presencia del perro, situado cerca de los pies de una mujer, introduce un elemento de cotidianidad y familiaridad. El árbol, con su tronco retorcido y su copa frondosa, simboliza la vitalidad y la conexión con la naturaleza, elementos esenciales en la vida rural.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la comunidad, el ocio, la celebración de la vida sencilla y la importancia del trabajo colectivo. La escena evoca una sensación de libertad y despreocupación, aunque también puede interpretarse como una crítica sutil a las limitaciones sociales y económicas que enfrentaban los campesinos en esa época. La representación de la embriaguez o el descontrol podría sugerir una forma de escape de las dificultades diarias. En definitiva, se trata de un retrato vívido y complejo de la vida rural, con sus alegrías, sus tristezas y sus contradicciones.