Metropolitan Museum: part 2 – Attributed to Zanobi Strozzi - The Nativity
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En el centro, la figura principal, presumiblemente la Virgen María, está vestida con túnicas azules intensas, cuyo tejido parece caer con una gravedad casi teatral. A su lado, otra figura femenina, probablemente Santa Ana, porta un manto rojo que contrasta con el azul, acentuando la separación entre ambas figuras y a la vez creando una armonía cromática general. Ambas mujeres se inclinan hacia el centro de la composición, donde descansa el Niño Jesús sobre un lecho de paja, irradiando una luz dorada que lo distingue del resto de la escena.
Una estructura arquitectónica tosca, posiblemente un establo o cabaña, delimita el espacio central. Se aprecian elementos constructivos rudimentarios: vigas de madera y muros de piedra sin labrar. La presencia de animales, aunque esquemáticos, refuerza la ambientación rústica del lugar.
En la parte superior, una hilera de ángeles flota en un cielo azul pálido. Estos seres celestiales están representados con una iconografía convencional: rostros serenos y alados, vestidos con túnicas que recuerdan a las de los personajes terrenales. Su disposición simétrica sugiere una ordenación divina y refuerza la atmósfera solemne del evento.
El paisaje de fondo es simplificado, con un árbol frondoso a la izquierda y unas edificaciones difusas a la derecha, insinuando un entorno urbano o rural sin ofrecer detalles específicos. La paleta de colores es rica pero contenida: azules profundos, rojos intensos, dorados luminosos y verdes apagados dominan la composición.
Subtextualmente, la pintura parece enfatizar la divinidad del evento narrado a través de la luz que emana del Niño Jesús y la disposición ordenada de los personajes. La formalidad en las poses y la ausencia de expresiones emocionales intensas sugieren una reverencia ante lo sagrado más que una representación naturalista. La arquitectura tosca, contrastada con la nobleza de las vestimentas, podría interpretarse como un símbolo de la humildad del nacimiento divino. El uso de colores vibrantes, aunque dentro de un marco compositivo sobrio, transmite una sensación de esperanza y alegría contenida. La escena, en su conjunto, invita a la contemplación silenciosa y a la reflexión sobre el misterio del nacimiento.