Metropolitan Museum: part 2 – Nicolas Poussin - Midas Washing at the Source of the Pactolus
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El entorno natural es fundamental para la narrativa. Un imponente árbol, con su tronco oscuro y robusto, domina la parte izquierda del cuadro, creando un marco visual que acentúa la soledad y el aislamiento de los personajes. Una roca prominente se eleva en segundo plano, contribuyendo a la sensación de opresión y confinamiento. La vegetación exuberante, aunque presente, no alivia la atmósfera melancólica; más bien, parece intensificarla con su densidad y coloración oscura.
La paleta cromática es deliberadamente sombría, dominada por tonos terrosos, verdes apagados y marrones oscuros. El único punto de contraste lo proporciona un manto rojo que se despliega sobre una roca a la izquierda, atrayendo la mirada hacia el origen del agua, posiblemente simbolizando la fuente de su desgracia o la promesa de redención.
La disposición de las figuras sugiere una jerarquía narrativa. El hombre central, con su postura encorvada y su expresión de profundo pesar, parece ser el foco principal de la escena. Los otros personajes actúan como testigos o participantes en su sufrimiento, creando un sentido de comunidad en la desgracia. La presencia de los dos individuos más pequeños, uno de ellos con una corona de hojas, podría aludir a la naturaleza efímera del poder y la riqueza, sugiriendo que incluso aquellos destinados a la grandeza pueden sucumbir a la desesperación.
Subyace aquí una reflexión sobre las consecuencias de la codicia y el deseo desmedido. El acto de lavarse en el agua no es simplemente un gesto de limpieza física; es un intento desesperado por purgarse de una maldición, de deshacerse de una carga que ha corrompido su alma. La escena evoca una profunda sensación de arrepentimiento y la búsqueda de la redención a través del sufrimiento. El paisaje agreste y la atmósfera opresiva refuerzan el mensaje de que incluso en la naturaleza, no hay refugio para aquellos atormentados por sus propios actos. Se intuye una crítica implícita a la vanidad humana y a la fragilidad de las posesiones materiales frente a la eternidad del alma.