Metropolitan Museum: part 3 – Hubert Robert - The Bathing Pool
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La obra presenta una estructura arquitectónica circular, un templo o pabellón en ruinas, integrado casi por completo en un exuberante paisaje natural. Las columnas corintias, aunque deterioradas, sostienen aún un entablamento fragmentado, cubierto por densa vegetación que parece reclamar el espacio construido. El autor ha empleado una paleta de colores terrosos y verdosos, predominando los tonos ocres y grises en la piedra y una amplia gama de verdes en la frondosa flora circundante.
En primer plano, se observa un estanque o piscina donde varias figuras humanas disfrutan de un baño. Sus poses sugieren relajación y esparcimiento; algunas yacen sobre las orillas, mientras que otras se sumergen en el agua. La luz incide directamente sobre estas figuras, creando contrastes con las zonas más sombrías del entorno boscoso.
A ambos lados del pabellón, pequeñas esculturas adornan la escena, reforzando la idea de un lugar dedicado al ocio y a la contemplación estética. Estas estatuas, aunque parcialmente ocultas por la vegetación, evocan una conexión con la antigüedad clásica.
La pintura sugiere una reflexión sobre el paso del tiempo y la inevitable decadencia de las obras humanas frente a la fuerza implacable de la naturaleza. La ruina no se presenta como un signo de destrucción total, sino más bien como una integración armoniosa entre lo artificial y lo natural. El paisaje parece haber absorbido la estructura arquitectónica, transformándola en parte de su propio tejido.
La presencia de las figuras humanas bañándose introduce un elemento de vitalidad y continuidad, sugiriendo que incluso en medio de la ruina, la vida persiste y el disfrute del entorno permanece intacto. Se puede interpretar como una idealización de la vida campestre y una crítica implícita a la grandiosidad efímera de las construcciones humanas. La obra evoca un sentimiento de melancolía y nostalgia por un pasado glorioso, pero también celebra la belleza intrínseca del mundo natural.