Metropolitan Museum: part 3 – Arthur B. Davies - Unicorns (Legend—Sea Calm)
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A la derecha, sobre una pequeña elevación cubierta de vegetación escasa, se desarrolla un episodio singular. Una figura femenina, vestida con ropajes largos y claros que contrastan con el fondo oscuro, observa con gesto contemplativo hacia el agua. A su lado, otra mujer, sentada en el suelo, parece ofrecer o acariciar a tres unicornes blancos de porte noble. La luz incide sobre sus figuras, resaltando la pureza y la delicadeza de los animales.
La composición es deliberadamente austera; no hay elementos superfluos que distraigan la atención del espectador. El uso limitado de color – predominan los tonos terrosos, verdes apagados y el grisáceo del agua – contribuye a una atmósfera melancólica y misteriosa. La ausencia de movimiento palpable refuerza la impresión de un instante congelado en el tiempo, una escena sacada de una leyenda o un mito ancestral.
El simbolismo es evidente: los unicornes, tradicionalmente asociados con la pureza, la gracia y la inocencia, se presentan como seres casi etéreos, vinculados a lo femenino y a la naturaleza. La figura que observa desde la distancia podría interpretarse como una guardiana de este mundo mágico, o quizás un testigo silencioso de un ritual sagrado. El gesto de la mujer sentada sugiere una conexión íntima con los unicornes, una comunión que trasciende el lenguaje verbal.
En definitiva, esta pintura evoca un universo onírico y simbólico, donde lo real se confunde con la fantasía y donde la belleza reside en la quietud y la contemplación. La escena invita a la reflexión sobre temas como la pureza, la inocencia perdida y la conexión entre el ser humano y la naturaleza.