Part 2 National Gallery UK – Domenichino - The Vision of Saint Jerome
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Aquí se observa una composición de marcado contraste lumínico y dramático. La escena se articula en torno a una figura central masculina, de edad avanzada, con barba canosa y expresión contemplativa, que ocupa la mayor parte del espacio pictórico. El hombre está sentado sobre un promontorio rocoso, envuelto parcialmente en una túnica carmesí que contrasta fuertemente con su piel curtida por el sol y los años. Su postura es relajada, pero transmite una sensación de introspección profunda.
A la derecha del personaje, se apoya sobre una mesa tosca donde reposan libros y un cráneo humano. La presencia del cráneo introduce inmediatamente una reflexión sobre la mortalidad y la fugacidad de la vida terrenal, elemento recurrente en el arte religioso barroco. Los volúmenes de los libros sugieren una dedicación al estudio y a la erudición, mientras que el cráneo actúa como memento mori, recordatorio constante de la inevitabilidad de la muerte.
En primer plano, un león dormido se encuentra a sus pies, símbolo tradicionalmente asociado con la valentía, la fortaleza espiritual y el dominio sobre los instintos más básicos. Su quietud aparente contrasta con la tensión emocional que emana del hombre.
La parte superior izquierda de la composición está dominada por una figura angelical alada, que se aproxima con gesto benevolente hacia el hombre. El ángel irradia luz y parece ofrecer consuelo o revelación. Su presencia sugiere una conexión divina, un momento de gracia o visión espiritual. La iluminación que emana del ángel ilumina parcialmente la figura del hombre, enfatizando su importancia dentro de la escena.
El fondo se desvanece en una atmósfera brumosa, donde se distinguen elementos de paisaje: árboles, agua y un horizonte lejano. Esta representación difusa contribuye a crear una sensación de profundidad y misterio, sugiriendo que el personaje está inmerso en un espacio trascendental.
La pintura parece explorar temas como la fe, la sabiduría, la mortalidad y la redención. La yuxtaposición de elementos terrenales (el león, el cráneo, los libros) con lo divino (el ángel) crea una tensión dinámica que invita a la reflexión sobre la condición humana y su relación con lo trascendente. La composición, cuidadosamente equilibrada entre luz y sombra, contribuye a generar un ambiente de solemnidad y devoción.