Raphael – Portrait of Pope Julius II
Ubicación: Städelsches Kunstinstitut, Frankfurt am Main.
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La paleta de colores se concentra en tonos cálidos: el rojo intenso de las vestimentas papales domina la escena, contrastando con el blanco impoluto del cuello chasuble y los pliegues de la túnica interior. El fondo es de un verde apagado, que no distrae de la figura principal pero aporta una sensación de profundidad y solemnidad.
La expresión facial es compleja: se percibe una mezcla de severidad y cansancio. Los ojos, hundidos bajo unas cejas pobladas, denotan inteligencia y experiencia, pero también una cierta melancolía o preocupación. La barba blanca, larga y cuidada, acentúa la edad del retratado y contribuye a su imagen de autoridad moral y espiritual.
Las manos, delicadamente representadas, juegan un papel crucial en la composición. Una sostiene un pañuelo blanco, posiblemente para limpiarse el sudor o simplemente como un gesto de modestia, mientras que la otra descansa sobre sus rodillas, adornada con anillos ostentosos. Estos anillos, símbolo de poder y riqueza, sugieren una figura no exenta de ambición y preocupaciones terrenales, a pesar de su posición eclesiástica.
En cuanto a los subtextos, el retrato parece querer transmitir una imagen de un líder poderoso pero también marcado por la carga del liderazgo. La postura erguida y la mirada directa implican autoridad, mientras que las arrugas en el rostro y la expresión cansada sugieren el peso de las responsabilidades. El contraste entre la riqueza visible (vestimentas, anillos) y la aparente modestia (el pañuelo) podría interpretarse como una reflexión sobre la naturaleza del poder y su relación con la humildad. La silla ricamente decorada, más que un mero accesorio, parece simbolizar el trono de autoridad y la posición elevada del retratado dentro de la jerarquía eclesiástica y política de su tiempo. En definitiva, se trata de una representación compleja de un hombre en el poder, donde la dignidad y la severidad coexisten con signos de cansancio y preocupación.