Peter Paul Rubens – Christ at Simon the Pharisee
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El foco central de la obra recae sobre una figura masculina, ataviada con ropas sencillas pero de calidad, quien inclina su rostro hacia una mujer joven y descalza, arrodillada a sus pies. La postura de esta última es de profunda contrición, con el cabello cubriendo parcialmente su rostro y las manos aferradas al cuerpo del hombre. Su desnudez, aunque atenuada por la luz y la composición, introduce un elemento de vulnerabilidad y arrepentimiento que contrasta con la solemnidad del resto de los presentes.
Alrededor de la mesa se agrupa una multitud de hombres, algunos vestidos con ropas lujosas, otros con atuendos más modestos. Sus expresiones varían desde la curiosidad hasta el juicio, sugiriendo un ambiente cargado de tensión y expectación. En la parte superior del cuadro, varios personajes observan la escena desde una posición elevada, portando lámparas o vasijas, lo que intensifica la sensación de teatralidad y escrutinio público.
La iluminación juega un papel crucial en la construcción del significado de la obra. Un fuerte contraste entre luces y sombras modela las figuras, acentuando sus rasgos y creando una atmósfera de misterio y dramatismo. La luz se concentra sobre el hombre central y la mujer arrodillada, mientras que el resto de los personajes quedan sumidos en la penumbra, lo que sugiere una distinción moral o espiritual entre ellos.
Subyacentemente, la pintura parece explorar temas como el perdón, la redención y la hipocresía religiosa. La actitud del hombre central, aparentemente indulgente hacia la mujer pecadora, desafía las convenciones sociales de la época y plantea interrogantes sobre la naturaleza de la justicia divina. La presencia de los fariseos, con sus miradas inquisitivas, sugiere una crítica a la rigidez moral y al juicio superficial. La escena, en su conjunto, invita a la reflexión sobre la complejidad de la condición humana y la búsqueda del arrepentimiento genuino. El gesto de la mujer, prostrada ante el hombre, puede interpretarse como un acto de sumisión y esperanza, mientras que la mirada de éste último transmite una mezcla de compasión y sabiduría.