Peter Paul Rubens – St Francis of Assisi Receiving the Stigmata - 1635
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Aquí se observa una escena de profunda devoción y sufrimiento espiritual. La composición se articula en torno a una figura central arrodillada sobre un terreno rocoso, iluminado por una luz intensa que emana del cielo. El hombre, vestido con hábitos monásticos, parece sumido en una agonía silenciosa, su rostro marcado por la angustia y el éxtasis. Sus manos están extendidas, como ofreciéndose a una fuerza superior o recibiendo una gracia divina.
La iluminación juega un papel crucial en la obra. La luz dorada que baña al personaje central contrasta con las zonas oscuras del entorno, creando una atmósfera de misterio y trascendencia. Esta luz no solo resalta la figura principal sino que también dirige la mirada hacia el cielo, donde se vislumbra una aparición angelical. El ángel, rodeado de un halo luminoso, parece descender para impartir una señal o bendición al hombre arrodillado.
A la izquierda, dos figuras adicionales observan la escena con gestos de asombro y reverencia. Su presencia refuerza la importancia del evento que se está desarrollando y sugiere la participación de la comunidad en esta experiencia mística. La perspectiva desde donde las figuras secundarias contemplan a aquel que recibe la señal acentúa su papel como testigos de un acontecimiento extraordinario.
El paisaje que se extiende al fondo, con montañas escarpadas y una atmósfera brumosa, contribuye a la sensación de aislamiento y soledad del personaje principal. La naturaleza salvaje y agreste sirve como telón de fondo para este encuentro divino, enfatizando la humildad y el sacrificio.
En primer plano, sobre el suelo rocoso, se encuentra un cráneo humano y un libro abierto. El cráneo es un memento mori, una recordatorio de la mortalidad y la fugacidad de la vida terrenal. El libro, posiblemente un texto religioso, podría simbolizar la fe y la búsqueda del conocimiento divino. Estos elementos en el primer plano añaden capas de significado a la escena, invitando a la reflexión sobre la vida, la muerte y la espiritualidad.
La pintura transmite una profunda sensación de devoción religiosa, sacrificio personal y conexión con lo trascendente. El artista ha logrado capturar un momento de intensa emoción y misticismo, utilizando la luz, el color y la composición para crear una obra de gran impacto visual y emocional. La atmósfera general es de recogimiento y contemplación, invitando al espectador a participar en este evento sagrado.