Resumen de "El laberinto de las reflexiones" de Sergey Lukyanenko.
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«Laberinto de reflejos» es una novela de 1997, la primera de una trilogía ciberpunk ambientada en la ciudad virtual de Deeptown. Lukyanenko la creó a raíz de un debate sobre la naturaleza del género, con el objetivo de demostrar que el ciberpunk podía ser no solo asocial y rebelde, sino también lírico, con personajes vivos y dilemas morales en su esencia. El libro está escrito en primera persona — algo poco común en la ciencia ficción rusa de la época — , lo que le confiere un tono inusualmente confesional. Junto con las novelas «Espejos falsos» y «Vidrieras transparentes», conforma el ciclo «Deeptown».
En 1998, Labyrinth of Reflections recibió el premio Big Zilant en el festival Zilantcon.
El mundo de las profundidades y su estructura
La historia transcurre a finales de los años 90. Dmitry Dibenko, un antiguo hacker moscovita que ahora reside en Estados Unidos, creó un pequeño programa — «deep» — que afecta al subconsciente del usuario, haciendo que la realidad virtual sea indistinguible de la vida real. Al publicarlo accidentalmente en internet, cambió el mundo: el programador ucraniano se convirtió en el primero en sumergirse por completo en el juego «Doom», pasó varias horas jugando y terminó cubierto de moretones y con el teclado roto. Una semana después, el planeta entero estaba sumido en el caos.
Utilizando esta tecnología, Microsoft, IBM e internet construyeron Deeptown, una metrópolis virtual con veinticinco millones de "residentes permanentes". Alberga las oficinas de las principales corporaciones, restaurantes, burdeles, distritos de hackers y enclaves privados a cualquier precio. Para entrar en Deeptown se necesita un casco y un traje especial; el software de alta tecnología hace que el mundo simulado sea completamente tangible, con calor, dolor, olores y fatiga.
Uno de cada trescientos mil usuarios mantiene una conexión parcial con la realidad en las profundidades y puede abandonarla voluntariamente en cualquier momento. A estas personas se les llama buceadores. El protagonista y narrador es Leonid, un artista de San Petersburgo que trabajaba en una empresa de videojuegos en quiebra y que se convirtió en buceador por accidente. Existen alrededor de un centenar de buceadores en el mundo; su existencia es poco conocida.
Robos en el barrio de Al-Kabar
Leonid trabaja como ladrón y mercenario independiente, realizando tareas delicadas en realidad virtual. La novela comienza con una misión: le pagan por robar un archivo de la comunidad cerrada de Al-Kabar, una corporación transnacional controlada desde Suiza por su director, Friedrich Urmann. La comunidad está decorada al estilo árabe y protegida de forma ingeniosa: la única entrada es un puente de crin de caballo sobre un precipicio, custodiado por un monstruo de piedra. Una persona con un subconsciente funcional es incapaz de cruzarlo; el cerebro percibe automáticamente el abismo bajo sus pies.
Leonid, disfrazado de Iván Tsarevich, contrata a un buzo hombre lobo (un compañero con piel de lobo), logra pasar la seguridad por los pelos y se reúne con el mismísimo Urman. Urman no solo reconoce al buzo, sino que también le entrega un archivo — la «Manzana» — que contiene el desarrollo de una nueva cura para el resfriado. Urman sacrifica deliberadamente el valioso programa, pidiéndole que se lo entregue a su competidor, Schellerbach, y que luego se reúna con él para hablar sobre una cooperación permanente. Al-Kabar necesita a los buzos.
Deben abrirse paso a la fuerza: los programas de seguridad bloquean el canal y un dragón de tres cabezas persigue a Leonid. Su compañero se sacrifica como cebo y Leonid escapa con el archivo robado.
Advertencia sobre virus y maníacos
En realidad, mientras revisaba el archivo recuperado, Leonid descubre un virus desconocido. Se lo pasa a su amigo Maniac (Sasha), un experto en virus. Este le llama inmediatamente: el virus era suyo. Se trata de una especie de "tarjeta postal con remitente falso": si Leonid se hubiera conectado a internet después de la infección, cada mensaje que enviara habría incluido un paquete invisible con su dirección IP real directamente al servicio de seguridad de Al-Kabar. Maniac envía un antivirus; el peligro ha terminado.
Un restaurante, un burdel y una Vika en vivo
Esa misma noche, Leonid regresa a Deeptown. En el restaurante Los Tres Cerditos, una chica extraña se sienta a su lado: rubia, vestida de blanco, con buen gusto para los vinos chilenos. Le pregunta su nombre: pensó que podría estar viendo al mismísimo Dmitry Dibenko. No es él; la chica desaparece.
Más tarde, en el burdel virtual de Madame, Leonid hojea un álbum de fotos de "trabajadoras" y encuentra una fotografía: una chica en una veranda de madera, con un bosque y una linterna amarilla al fondo. Su rostro es una réplica exacta de la imagen de su programa Windows Home, al que él mismo ha apodado Vika. Paga cuarenta dólares "por la noche" y se encuentra en un jardín nocturno frente a una pequeña cabaña. La chica se sienta a su lado; es la misma de la fotografía. Leonid le pide que la llame Vika; ella acepta sin protestar. Una conversación sobre tecnología, estrellas y realidad virtual termina con ambos quedándose dormidos en la hierba bajo una manta.
La señora del vestuario y el descubrimiento de secretos
Madame conduce a Leonid al "vestidor", una habitación con ganchos niquelados de los que cuelgan decenas de cuerpos femeninos con la mirada perdida. Son todos los disfraces que Vika se ha probado en su trabajo. El momento es evidente: la chica existe en su interior como una imitadora profesional, y Madame quiere que Leonid lo entienda. Vika misma, ante sus propios ojos, intercambia cuerpos con Madame.
Más tarde, cuando Vika descubre la verdad sobre Leonid — que es buceador — , estalla una discusión entre ellos. Ella se enfada porque él no le contó lo más importante. Él responde que temía perderla porque a nadie le gustan los buceadores: ven el mundo virtual sin ilusiones, como un mosaico digital. Vika se queda en silencio y admite que ella también es buceadora. Lo había mantenido en secreto por la misma razón. Ambos son buceadores, y este descubrimiento lo cambia todo. Por primera vez en su vida, Vika no emergió de las profundidades del burdel, sino aquella noche en el jardín con Leonid.
El perdedor y la caza corporativa
Paralelamente a la historia personal, se desarrolla otra trama: un hombre existe en la realidad virtual, conocido por todos como "Loser". Lleva tres días sin emerger de las profundidades, no porque no quiera, sino porque no puede. Dos grandes corporaciones lo persiguen, incluido el propio Dibenko, quien está dispuesto a sacrificar su mayor tesoro por él. Loser niega que ese sea su único valor: afirma ser incluso más valioso de lo que los cazadores imaginan. Vika, la buceadora, está convencida de que simplemente consume estimulantes. Leonid lo duda, pues no tiene ningún canal de comunicación rastreable.
Las montañas y la búsqueda de una salida
En la escena final, los tres — Leonid, Vika y Loser — se encuentran atrapados en un espacio virtual cerrado: un paisaje montañoso que Vika creó como refugio personal. El sistema está aislado; no hay entrada normal desde el exterior. Loser deambula por las laderas, tocando pinos y recogiendo guijarros, como un habitante de la ciudad que descubre la naturaleza por primera vez.
Vika explica: cuando el programa creó las montañas, "robó" fragmentos de servidores abiertos y dejó lagunas indetectables. Encontrar una de ellas les permitiría escapar. Abandonan la cabaña en ruinas en busca de este pasaje, mientras que Leonid aún conserva una última carta bajo la manga: el virus de combate "Warlock-9000". Usarlo es peligroso: los enemigos descubrirán el rastro.
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