"Lunáticos" de Gleb Golubev, un resumen
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La novela policíaca del escritor soviético Gleb Golubev, escrita en el género de ciencia ficción, explora los límites de la psique humana y los usos criminales de la hipnosis. Escrita a mediados del siglo XX, la obra plantea cuestiones éticas en la psiquiatría forense, centrándose en la cuestión de si es posible obligar a una persona honesta a cometer un delito contra su voluntad influyendo en su subconsciente.
Muerte misteriosa y reputación impecable
La historia se narra desde la perspectiva de Claudine, esposa del psicólogo Maurice, quien trabaja como consultor en un tribunal de Zúrich. La historia comienza con la discusión de un trágico incidente: la experimentada enfermera Ursula Eggi, conocida por su perfeccionismo y su impecable reputación, es acusada de asesinar a un paciente. Su protegida, la millonaria Mathilde von Erni-Albach, murió tras una inyección letal de morfina.
Ursula, quien cuidaba a la anciana, no niega la inyección, pero no puede explicar cómo ocurrió el error fatal. Está en shock y simplemente repite que no entiende cómo sucedió. Maurice y su amigo, el comisario de policía Jean-Paul Greiner, dudan de la culpabilidad de la enfermera, a sabiendas de su excepcional meticulosidad y dedicación a su trabajo.
Las sospechas recaen sobre el sobrino del difunto, Alfred Brombach, único heredero de una vasta fortuna. Brombach, un apasionado piloto de carreras y un estilo de vida adinerado, tenía un motivo, pero cuenta con una coartada irrefutable: estaba de vacaciones en Niza al momento de la muerte de su tía. La investigación llega a un punto muerto, ya que no había nadie en la casa.
El tribunal declara a Ursula culpable de negligencia criminal. Aunque se retiró el cargo de homicidio premeditado, el veredicto supone un duro golpe para ella. Inhabilitada para ejercer la medicina y abrumada por la culpa, Ursula Jäggi se suicida pocos días después del juicio. En el funeral, el comisario Groener sugiere que Brombach estuvo involucrado, pero no hay pruebas.
El extraño comportamiento del ingeniero Gross
Un año y medio después, otro misterioso suceso ocurre en Zúrich. En la planta de ingeniería eléctrica de Erlif, el ingeniero Peter Gross es arrestado mientras intentaba robar diseños secretos y muestras de productos. Gross, quien llevaba dieciséis años trabajando en la empresa y era considerado un empleado modelo, fue sorprendido in fraganti cerca de una caja fuerte.
El guardia que detuvo al ingeniero describe su estado en el momento del crimen como "sonámbulo": Gross actuaba como si estuviera soñando, sin darse cuenta de lo que sucedía y sin poder reconocer a quienes lo rodeaban. El comisario Groener consulta a Maurice, sospechando un trastorno mental.
Durante el examen, Maurice descubre un detalle importante: Peter Gross fue tratado por alcoholismo por un psiquiatra privado, Walter Federspiel, quien utilizó hipnosis. Al comparar los hechos, Maurice recuerda que la difunta Ursula Eggi también sufría de una adicción oculta a las drogas, que se desarrolló tras una operación importante, y probablemente también consultó a este médico.
La hipótesis de la sugestión criminal
Maurice propone una teoría audaz: Federspiel utiliza la hipnosis para obligar a sus pacientes a cometer delitos. Sin embargo, la comunidad científica opina que es imposible obligar a una persona a hacer algo que contradiga sus principios morales. Maurice sugiere que el hipnotizador sortea esta barrera sustituyendo la motivación: convence a la víctima de que el acto delictivo es una acción noble.
Groener inicia una investigación encubierta sobre Federspiel. Resulta que el médico sí había estado en contacto con Ursula y Gross. Para obtener pruebas, el comisario recurre a métodos ilegales: con la ayuda de detectives privados, instala un equipo de escucha en el apartamento del psiquiatra, uno de los cuales está camuflado en una mosca muerta.
La grabación confirma estas sospechas. Captura una sesión de hipnosis durante la cual Federspiel inculca a su último paciente — un químico farmacéutico — la necesidad de "salvar" planos secretos de un incendio ficticio. El médico le ordena memorizar el diagrama, reproducirlo de memoria en casa y enviarlo a un apartado de correos, supuestamente para su custodia. También le indica que olvide la sesión y le prohíbe ser hipnotizado por nadie más.
Exposición e interrogatorio
Provisto de pruebas circunstanciales, Groener se enfrenta a Alfred Brombach, quien para entonces se había mudado a una villa en Vevey. El comisario engaña al heredero diciéndole que su cómplice, Federspiel, ya ha sido arrestado y testificado, y que la difunta Ursula dejó una nota de suicidio. La presión psicológica y la exposición de grabaciones editadas de la voz de Federspiel destrozan a Brombach.
El heredero confiesa haber pagado cien mil francos a un desconocido (Federspiel, quien siempre ocultaba su rostro bajo maquillaje y una máscara) para eliminar a su tía. Un trozo de papel encontrado en Brombach con los números de los billetes que utilizó para pagar se convierte en la prueba decisiva. Groener revisa las cuentas bancarias de Federspiel y descubre que esos mismos billetes fueron ingresados en su cuenta.
Prueba y experimento
En el juicio, Walter Federspiel se muestra desafiante y niega todos los cargos. Afirma que Brombach le devolvió el dinero como una deuda de juego y que los registros fueron falsificados. La defensa se basa en la opinión autorizada del profesor Reinhardt, profesor de Maurice, quien insiste en que es imposible inculcar un delito a una persona honesta.
Para resolver la disputa de los peritos, el tribunal permite que se realice un experimento de investigación en la misma sala. Se invita a un voluntario para este experimento: el jefe de correos Max Besh, un hombre de excepcional integridad.
El profesor Reinhardt, bajo hipnosis, convence a Besh de que su esposa, presente en la habitación, padece una enfermedad terminal y necesita medicamentos urgentemente. Sobre la mesa, frente al jefe de correos, hay dos cajas: una roja y una verde. Le dicen que la roja contiene un medicamento vital, y la verde, veneno (aunque en realidad, la roja supuestamente es veneno). También le dicen que la caja verde sobre la mesa no existe.
Al oír la orden: "¡Su esposa está enferma!", el respetable cartero agarra la caja roja (que contenía el supuesto veneno) y corre hacia su esposa para administrarle la "medicina". Cuando lo detienen y le piden que encuentre la caja verde, expresa genuina sorpresa, afirmando que no hay nada más en la mesa.
Este experimento demuestra claramente que se puede inducir a personas hipnotizadas a cometer un asesinato presentándolo como una medida para salvarles la vida. Al ver que su defensa fracasa, Alfred Brombach se pone histérico.
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