Rijksmuseum: part 3 – Dielaert, Christiaen van -- Stilleven, 1666
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La mesa está profusamente cargada con una variedad de objetos: frutas frescas en una fuente plateada, una sandía cortada revelando su interior jugoso, uvas verdes, higos maduros, cítricos, y una copa de metal ricamente decorada que refleja la luz de manera brillante. Un perro negro, posado a los pies de la mesa, observa con atención la abundancia presente, añadiendo un toque de vida animal a la escena estática.
La iluminación es fundamental en esta obra. Una fuente de luz no visible ilumina los objetos desde una dirección lateral, resaltando sus texturas y volúmenes. El brillo sobre el metal de la copa contrasta con las áreas más oscuras de la fruta, creando un juego de luces y sombras que intensifica la sensación de realismo. La atención al detalle es notable: se aprecia la humedad en la superficie de algunas frutas, la veta de la madera de la mesa, y los reflejos sutiles sobre el metal.
En el fondo, una estructura arquitectónica con inscripciones apenas legibles introduce un elemento de contexto intelectual o histórico. A su lado, una pequeña representación pictórica, posiblemente un retrato o una escena mitológica, se vislumbra parcialmente, sugiriendo la presencia del mundo exterior y la conexión entre lo efímero de la naturaleza muerta y el arte como reflejo de la realidad.
Subtextualmente, esta composición puede interpretarse como una alegoría sobre la fugacidad de la vida y los placeres terrenales (vanitas). La abundancia de alimentos frescos, a punto de marchitarse, simboliza la transitoriedad de la belleza y la riqueza. El perro, con su mirada atenta, podría representar la curiosidad humana o el deseo insaciable. La presencia del retrato en el fondo alude a la inmortalidad del arte frente a la decadencia física. La composición invita a la reflexión sobre la naturaleza efímera de las posesiones materiales y la importancia de apreciar el momento presente. El conjunto transmite una sensación de quietud, contemplación y melancolía.