Dmitry Levitsky – Portrait of Ekaterina Bakunina
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
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La iluminación es suave y difusa, concentrándose en el rostro y los hombros, dejando el fondo sumido en una penumbra que acentúa la figura principal. La paleta de colores es contenida: predominan los tonos tierra, grises y blancos, con toques de azul pálido en el vestido. Esta sobriedad cromática contrasta con la exuberancia habitual del Rococó, insinuando un cambio estético hacia una mayor austeridad.
El peinado, voluminoso y elaborado, es característico de la época, aunque su ejecución parece menos ostentosa que en otros ejemplos del género. Los rizos caen sobre los hombros y el cuello, suavizando las líneas faciales y añadiendo un elemento de informalidad a la pose. La vestimenta, sencilla pero elegante, sugiere una posición social acomodada sin recurrir a la exhibición excesiva.
En cuanto a subtextos, se percibe una búsqueda de equilibrio entre la representación idealizada propia del retrato aristocrático y una mayor naturalidad en el gesto y la expresión. El rostro, aunque bello, no es perfecto; las imperfecciones sutiles –una ligera asimetría, un tono de piel no uniforme– contribuyen a crear una impresión de autenticidad. La mirada, al tiempo que directa, parece velar algo, sugiriendo una complejidad interior y una cierta reserva.
La composición, aunque aparentemente sencilla, está cuidadosamente construida para transmitir una sensación de dignidad y serenidad. El gesto de la mano, apoyada sobre el pecho, puede interpretarse como un símbolo de modestia o introspección. En conjunto, la obra transmite una imagen de una mujer inteligente, culta y consciente de su posición social, pero también con una cierta melancolía subyacente. La ausencia de elementos decorativos superfluos refuerza esta impresión de sobriedad y elegancia discreta.