Resumen de "La filosofía perenne" de Aldous Huxley
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Este libro es una antología completa de enseñanzas místicas de Occidente y Oriente, unidas por un extenso comentario del autor. Escrito en 1945, Aldous Huxley recopiló los dichos de poetas sufíes, santos católicos, sabios hindúes y maestros taoístas para revelar un fundamento espiritual único para todas las religiones del mundo.
La naturaleza de la realidad y el fundamento divino
El autor comienza su investigación con la antigua fórmula sánscrita: «Tú eres esto». El «yo» inmanente y eterno dentro del hombre es idéntico a Brahman. Brahman es el principio absoluto de toda existencia. El esfuerzo intelectual es insuficiente para comprender esta verdad. La realidad oculta es percibida directamente por los justos de corazón puro, quienes se han distanciado de la vanidad mundana. La teología empírica fracasa al intentar describir a Dios basándose en las experiencias cotidianas de los inconversos. El verdadero conocimiento solo llega a los profetas que han purificado completamente su conciencia.
El fundamento de la existencia es indescriptible en el lenguaje común. El budismo Mahayana lo llama la "Luz Pura del Vacío". Meister Eckhart escribe sobre una "Divinidad" que trasciende al Dios personal. La adoración de un avatar terrenal es solo el primer paso hacia la fusión con el Absoluto sin nombre. La lealtad a la imagen de un juez severo provoca fanatismo. Percibir a Dios únicamente como una luz interior amenaza con el quietismo. El camino correcto requiere una unión armoniosa de los aspectos trascendentales e inmanentes.
La ilusión del ego y la domesticación de las pasiones
El autor identifica el egoísmo como la principal barrera para la iluminación. La personalidad se forma a partir del apego al cuerpo, las cosas, las ambiciones y la memoria. Cuanto más se aferra un individuo a su yo separado, más se retrasa la salvación. La mortificación del ego no puede reducirse a un ascetismo físico agotador. El ayuno excesivo a menudo desarrolla el orgullo. A veces, abre peligrosas capacidades psíquicas. La verdadera domesticación de las pasiones requiere cultivar la "santa indiferencia" ante todas las victorias y derrotas mundanas.
La fuente de todo sufrimiento es la exacerbación del aislamiento. El hombre ensalza su independencia de la naturaleza, de Dios y del prójimo, dando origen al mal. La capacidad de cometer actos infernales distingue a los humanos de los animales. Las especies biológicas han llegado a un punto muerto evolutivo de especialización limitada. Los humanos han conservado la libertad de elección. La completa disolución de la voluntad en el principio divino trae la liberación del tormento. Los textos taoístas describen a un sabio que se ha fusionado con la naturaleza y ha alcanzado la integridad suprema.
El autoconocimiento y la naturaleza del sufrimiento
Sin una mirada honesta hacia uno mismo, el progreso espiritual es imposible. Las personas evitan el autoconocimiento, prefiriendo vivir en ilusiones placenteras. La ignorancia de las propias motivaciones distorsiona la visión del mundo. Santa Catalina de Siena aconsejaba construir una "célula espiritual" de verdadero autoconocimiento. Esta práctica destruye la arrogancia. Reconocer las propias debilidades es el primer paso hacia la verdadera humildad.
Los teólogos ortodoxos suelen considerar el sufrimiento como un castigo legal por el pecado. Huxley ofrece una perspectiva diferente. El sufrimiento está inextricablemente ligado al hecho mismo de la creación. Los seres vivos están condenados al dolor debido a su deseo de existencia independiente. El individuo es libre de elegir. Puede reforzar esta separación mediante la ira y el orgullo. Puede aceptar el dolor con santa indiferencia. Solo la abnegación completa neutraliza el mal.
Amor, Gracia y Acción
El amor al prójimo está libre del apego emocional ordinario. Es un acto de voluntad dirigida, la forma más elevada de conocimiento espiritual altruista. El poeta sufí Jalaluddin Rumi escribió: «El astrolabio de los misterios divinos es el amor». Los violentos arrebatos emocionales a menudo alimentan el orgullo oculto del creyente. Fénelon, en sus cartas, advirtió sobre los peligros de la exaltación espiritual. La verdadera espiritualidad requiere silencio mental. Incluso los pensamientos sobre los propios pecados desaparecen.
El libre albedrío se otorga al hombre por la renuncia voluntaria a su propia voluntad. La gracia divina está continuamente presente en el universo. El hombre puede convertirse en un arpa eólica, ofreciendo las cuerdas de su alma al viento del Espíritu. La acción correcta siempre fluye de la contemplación. El esfuerzo por el progreso puramente material carece de sentido. La verdadera bondad solo la crean quienes han llenado su conciencia de eternidad. El carpintero taoísta se olvidó de sí mismo antes de crear una obra maestra.
El peligro de las palabras y los falsos cultos
Las palabras siguen siendo símbolos imprecisos. Indican dirección, pero ocultan la verdad fundamental. El apego ciego al dogma provoca guerras religiosas. En la parábola de Wu Chen, el mono simboliza la mente humana. Cree haber saltado al fin del mundo, pero se encuentra en la palma de la mano de Buda. La mente es incapaz de comprender el infinito. Los hechos históricos de la vida de los profetas son secundarios a la experiencia espiritual. La experiencia se despliega en el corazón humano.
Los rituales se convierten en fines en sí mismos, reduciendo la religión al nivel de magia blanca. Las peticiones se utilizan para lograr fines egoístas. La historia reciente ha dado lugar a formas de fe ciega. La idolatría tecnológica y política promete prosperidad utópica. En aras de la felicidad futura, se derraman ríos de sangre y se destruye la naturaleza. Los defensores de las utopías ignoran la ley de la retribución. La verdadera bondad se encuentra en el eterno "ahora".
El temperamento y el camino hacia la salvación
El autor utiliza el sistema de William Sheldon para explicar las diferencias humanas. Las personas se dividen en tres tipos fisiológicos. Los individuos con huesos grandes y músculos fuertes tienen un temperamento somatotónico. Son agresivos y ávidos de poder. Los endomorfos apacibles disfrutan de la comodidad, la comunicación y los rituales. Los ectomorfos delgados son retraídos y reflexivos.
Cada tipo tiene su propio camino hacia la salvación, descrito en el Bhagavad Gita. Los viserotónicos son aptos para el camino de los ritos religiosos fervientes. Los somatotónicos agresivos deben elegir el camino de la acción altruista, trabajando sin pensar en la recompensa. Los cerebrotónicos altamente sensibles gravitan hacia el camino del conocimiento, que requiere intuición intelectual. El concepto indio del dharma considera estas diferencias. Imponer un método único a todos es destructivo.
El silencio y el arte de la oración
La conversación desenfrenada sobre cualquier tema es espiritualmente peligrosa. Huxley cita a autores antiguos que defienden los beneficios del silencio. Las palabras vacías oscurecen la luz interior y fortalecen el egoísmo. El silencio se presenta en tres formas: el silencio de la boca, el silencio de la mente y el silencio de la voluntad. Las voces más difíciles de silenciar son las de la pasión y la aversión. El exceso de ruido en una sociedad tecnológica es un gran obstáculo. La publicidad y los medios de comunicación inflaman deliberadamente los deseos, privando a las personas del silencio interior.
La oración se divide en cuatro formas: petición, intercesión, adoración y contemplación. La petición sigue siendo el nivel más primitivo. Las peticiones egoístas a veces se conceden, pero esto conlleva una retribución merecida para quien la solicita. La intercesión por los demás ayuda a perdonar a los enemigos. La adoración utiliza el intelecto y las emociones para expresar amor a Dios. La contemplación supera todas las demás formas. Requiere un estado de intensa pasividad en el que el alma se abre completamente a la base divina.
Tiempo, eternidad e inmortalidad
Dios existe en un presente eterno. El universo existe en el tiempo, percibido como una desaparición constante. Las teologías ligadas al tiempo histórico tienden a justificar la violencia en aras de un futuro ideal. La filosofía perenne enseña la tolerancia. Ve la realidad absoluta más allá de las categorías temporales. La verdadera inmortalidad excluye la vida eterna del individuo en el más allá. La inmortalidad significa trascender el ciclo de nacimientos hacia un estado divino eterno.
El camino hacia este estado se encuentra a través de ejercicios espirituales. Repetir mantras y meditar detiene el flujo de pensamientos que nos distraen. La vida cotidiana debería convertirse en un ritual inagotable. Cada acción está dedicada a un propósito superior. Los contemplativos son absolutamente esenciales para la sociedad. Purifican el corazón, alcanzan la humildad y sirven como conductos de la gracia divina.
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