Part 2 Prado Museum – El Greco -- Jerónimo de Cevallos
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La iluminación es desigual, con una luz tenue que incide principalmente sobre el rostro y el cuello, dejando el resto del cuerpo en penumbra. Este contraste acentúa las facciones del hombre: un semblante severo marcado por arrugas que sugieren experiencia y quizás melancolía. Los ojos, pequeños y penetrantes, transmiten una sensación de introspección o incluso desconfianza. La barba incipiente, cuidadosamente recortada, y el bigote fino, añaden a la imagen un aire de formalidad y refinamiento.
Un rasgo distintivo es el cuello adornado con un volantes inmenso, elaborado con pliegues meticulosos que crean una textura visual rica y compleja. Este detalle no solo refleja la moda de la época, sino que también sirve para realzar la importancia social del retratado. La vestimenta oscura, aunque sencilla en su diseño general, sugiere riqueza a través de la calidad de los materiales.
La pincelada es rápida y expresiva, con trazos visibles que dan una sensación de inmediatez y vitalidad a la obra. Se aprecia un cierto realismo en la representación de las texturas: la piel rugosa, el brillo del tejido, la aspereza de la barba. No obstante, también hay elementos idealizados, como la simetría facial y la postura erguida que denotan dignidad.
Más allá de una simple representación física, este retrato parece aludir a un estado mental complejo. La expresión sombría y la mirada fija sugieren una personalidad reservada, quizás atormentada por preocupaciones internas o marcada por las responsabilidades inherentes a su posición social. El contraste entre la opulencia del atuendo y la severidad de la expresión podría interpretarse como una reflexión sobre la carga del poder y la soledad que a menudo lo acompaña. La ausencia casi total de color, restringido a tonos terrosos y oscuros, refuerza esta atmósfera de introspección y melancolía. En definitiva, se trata de un retrato psicológico más que meramente descriptivo, una ventana a la complejidad del alma humana.