"No te subas al trineo de otra persona" de Alexander Ostrovsky, resumen
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La comedia "No te subas al trineo de otro" fue escrita en 1852 y se convirtió en la primera obra del autor en ser representada. Este libro es una comedia de costumbres clásica, donde el conflicto surge del choque entre la vida mercantil y la nobleza.
Eventos en el Hotel Malomalsky
La acción transcurre en la ciudad provincial de Cheremukhin. En la sala común de la posada de Seliverst Potapych Malomalsky, el sirviente Stepan se queja al camarero de su dura vida. El amo de Stepan, el excaballero retirado Viktor Arkadyevich Vikhorev, está arruinado. Stepan come arenques baratos envueltos en papel de azúcar y habla de la ruina económica de su amo. Vikhorev espera mejorar su situación financiera casándose con una mujer rica de la provincia. Para lograrlo, alquila una habitación en la posada local y establece contactos útiles.
El amigo de Vikhorev, el funcionario Andrei Andreich Baranchevsky, lo visita. Hablan de la austera vida provincial. El jinete retirado le pide dinero prestado a Baranchevsky para sus gastos. Vikhorev se ha fijado en Avdotya Maksimovna, hija del acaudalado comerciante Maksim Fedotych Rusakov. El jinete utiliza a la esposa de Malomalsky, Anna Antonovna, para acercarse a la joven. Anna Antonovna coquetea con el noble, escucha sus halagos y promete ayudarlo en sus amoríos.
Un joven comerciante, Ivan Petrovich Borodkin, llega a la posada. Es dueño de una pequeña tienda y una bodega renana. Borodkin lleva mucho tiempo enamorado de Avdotya Maximovna. El joven toca la guitarra, canta romances y comparte sus sentimientos con Malomalsky. Borodkin duda de sus posibilidades. El comerciante se considera inculto y simple para la hija de un hombre rico y famoso. Ivan Petrovich sufre sinceramente por un amor no correspondido.
Pronto aparecen Avdotya Maximovna y su tía, Arina Fedotovna, una anciana. Vikhorev comienza a cortejar a la hija del comerciante en la posada. Pronuncia discursos, le besa las manos y le jura amor eterno. Avdotya, criada en un ambiente patriarcal estricto, jamás había presenciado semejante interacción social. La joven sucumbe al encanto del dandi de la capital. Escucha sus palabras con gran expectación.
Borodkin también intenta hablar con Avdotya. Le expresa sus sentimientos con franqueza y sinceridad. Pero la joven, deslumbrada por el glamour aristocrático, lo rechaza. Considera a Ivan Petrovich aburrido. Vikhorev celebra su victoria y hace planes para la dote. Solo le falta obtener el consentimiento de su padre para el matrimonio. El excaballero está seguro de su éxito.
Casa del comerciante Rusakov
La acción se traslada a una espaciosa habitación de la casa de Maxim Fedotovich Rusakov. Avdotya Maximovna está sentada junto a la ventana con una guitarra, cantando una canción folclórica rusa sobre Vanyusha. Tras cantar, le confiesa sus sentimientos por Viktor Arkadyevich a Arina Fedotovna. Su tía apoya a su sobrina. Arina Fedotovna, ávida lectora de novelas, cree en la nobleza del caballero y lo considera el pretendiente ideal.
Borodkin llega a casa de los Rusakov. El joven comerciante, vestido de gala, le pide a Maxim Fedotych la mano de su hija. Ivan Petrovich menciona el deseo de su anciana madre de que su hijo se case. Rusakov simpatiza con Borodkin. El viejo comerciante valora su honestidad, integridad y dedicación al trabajo. El padre llama a Avdotya y le propone matrimonio a Ivan Petrovich. La joven se niega. Rusakov, reacio a obligar a su hija a un matrimonio no deseado, libera pacíficamente al novio.
A continuación aparece Vikhorev. El excaballero se comporta con confianza, hablando alto y con arrogancia. Le pide la mano de Avdotya Maximovna a su padre. Rusakov sospecha que hay engaño. El experimentado comerciante no cree en la sinceridad de los sentimientos del noble arruinado por una muchacha plebeya. Rusakov decide poner a prueba las verdaderas intenciones del novio. El anciano urde un astuto plan para poner a prueba a su futuro yerno.
Maxim Fedotych pronuncia un largo discurso sobre las costumbres mercantiles y acepta el matrimonio. Pero el padre impone una condición estricta: declara que no le dará dote a su hija en vida. Todo el dinero que la pareja haya ganado pasará a los recién casados solo después de su muerte. Vikhorev queda consternado por la noticia. Intenta disimular y finge que no le interesa el dinero.
A solas con sus pensamientos, Vikhorev se enfurece. No quiere casarse con una mujer pobre. Idea un nuevo y astuto plan. El jinete decide llevarse a Avdotya en secreto, de noche, sin la bendición de sus padres. Espera que, tras un escándalo público, Rusakov se vea obligado a perdonar a su hija y entregarle el dinero, borrando así rápidamente la vergüenza. Vikhorev comienza a preparar su huida.
Escapada a Yamskaya Sloboda
La acción se traslada a una habitación oscura de una posada en Yamskaya Sloboda. Este lugar remoto se encuentra a siete verstas (unos 7,5 kilómetros) de la ciudad. Vikhorev, Avdotya Maksimovna y el sirviente Stepan entran con una vela. La joven está asustada por el viaje nocturno. No entiende por qué Vikhorev la ha sacado de su casa. Stepan se queja de la lentitud de los cocheros y se marcha para apurarlos.
El jinete explica su plan. Quiere casarse con ella inmediatamente en un pueblo vecino, donde vive su conocido, el funcionario Baranchevsky. Avdotya llora y recuerda el dolor de su anciano padre. Le cuenta a Vikhorev su conversación con Rusakov. Resulta que su padre, furioso, la desheredará por haberse fugado. Esta noticia sorprende desagradablemente al novio.
Vikhorev se da cuenta de que no recibirá el dinero. Su actitud hacia Avdotya, que llora desconsoladamente, da un vuelco. Se vuelve frío, cínico y grosero. El excaballero le dice sin rodeos a la joven que no la necesita sin una dote. Vikhorev abandona a Avdotya sola en una posada mugrienta y se marcha a caballo. La joven queda sumida en la oscuridad, destrozada por la traición de su amado.
Regreso a casa
La acción regresa a la casa de los Rusakov. Reina la desesperación. Maxim Fedotych está desconsolado por la pérdida de su única hija. Arina Fedotych llora y maldice al embaucador Vikhorev. De repente, se abren las puertas principales. Borodkin entra en silencio, guiando con cuidado a Avdotya Maximovna tras él. Ivan Petrovich encontró a la niña abandonada en la posada y la llevó a casa.
Borodkin demuestra nobleza. Le asegura al anciano Rusakov que nadie en el pueblo ha visto a Avdotya y que el honor de la joven está a salvo. Avdotya cae a los pies de su padre, arrepintiéndose amargamente de su error. La joven se disculpa por haber cambiado a su amorosa familia por un apuesto embaucador. La familia se reúne tras una dura prueba.
Rusakov, al ver el sufrimiento de su hija, se ablanda. El viejo comerciante, con lágrimas en los ojos, perdona a Avdotya y la abraza con fuerza. Avdotya Maximovna se vuelve hacia Ivan Petrovich. Solo después de ser engañada comprende el valor de la lealtad. La joven misma le ofrece a Borodkin su mano y su corazón.
Iván Petrovich acepta encantado convertirse en su esposo. Rusakov bendice a la joven pareja. Maxim Fedotych ofrece palabras edificantes a todos los presentes. Entonces Rusakov pronuncia: «No se suban al trineo ajeno». Esta frase pone fin a los acontecimientos en la casa del viejo comerciante.
La historia del traicionero Vikhorev termina con el fracaso total de sus ambiciosos planes. El jinete retirado se queda sin su rica esposa y sin dinero de nadie más. Su hambriento sirviente Stepan continúa sufriendo la pobreza. Arina Fedotovna se libera de sus ilusiones románticas. La anciana comprende que la vida real es muy diferente a las novelas románticas francesas.
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