"Eres mi felicidad" de Asya Lavrinovich, resumen
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La novela de Asya Lavrinovich, "Eres mi felicidad", se publicó en 2020. Su trama se centra en el viaje que transforma la relación entre Maya Mikhailova y Bogdan Volkov. Narrada desde la perspectiva de Maya, la historia se impregna de inmediato de su amor, casi infantil, y de la constante esperanza de que Bogdan algún día la vea como una mujer, y no como la hermana menor de su amigo.
Maya recuerda que sus sentimientos por Bogdan comenzaron hace casi nueve años, durante su época escolar, cuando era una niña con botas rosas nuevas y lo miraba como si perteneciera a otro mundo, el de los adultos. Bogdan está muy unido a su familia porque ha sido amigo de Vitya, el hermano mayor de Maya, durante muchos años. Esta amistad también tiene su propia historia: Vitya, un estudiante sobresaliente, tranquilo y amable, se sentó una vez en el mismo pupitre que Bogdan y poco a poco se convirtió en su mejor amigo.
Para Maya, Bogdan ha sido durante mucho tiempo un amor obsesivo, casi doloroso, que no puede ocultar ni superar del todo. Crece, madura, vive sus años escolares, hace cosas buenas y otras no tanto, pero a sus ojos, sigue siendo una niña. Incluso cuando Maya intenta mostrarse seria, ayudar a los demás y ser valiente, Bogdan la mira con condescendencia, como si fuera demasiado joven para tener sentimientos verdaderos.
El punto de inflexión comienza el día en que Maya escucha por casualidad una conversación entre Vitya y Bohdan. Descubre que Bohdan quiere encontrar a su padre biológico, a quien nunca ha conocido, y está planeando un viaje para ello. La invita a acompañarlo, pero Bohdan tiene sus propios planes y compromisos, así que la conversación se estanca. Maya se da cuenta de inmediato de que este encuentro fortuito le ofrece una oportunidad única para estar con Bohdan durante un tiempo prolongado, lejos de la familiaridad del hogar.
Ella decide mentir y les dice a sus padres que va a visitar a su amiga Anisa por unos días. Su amiga acepta encubrirla, y nadie en casa sospecha nada, así que Maya se va con Bogdan sin mayores problemas. Volkov no está nada contento con este cambio, ya que contaba con una compañera completamente diferente, y al comienzo del viaje, le irritan tanto la charla de Maya como sus intentos de aparentar madurez.
Al principio, el viaje es irregular: Maya está nerviosa, habla demasiado, intenta captar cualquier cambio en el estado de ánimo de Bogdan y espera constantemente la más mínima señal de que él haya empezado a verla de otra manera. Bogdan se mantiene distante, a veces brusco, pero ya se está desarrollando una nueva intimidad entre ellos, porque están solos, sin Vitya, sin su hogar, sin sus roles habituales. Por primera vez, Maya lo ve no solo como el objeto de su afecto, sino como un hombre con un pasado familiar difícil y una profunda agitación interior.
El viaje pronto se convierte en algo más que un simple paseo. El coche de Bogdan se avería en un camino de tierra accidentado, los alrededores están casi desiertos y no hay ayuda a la vista. Se ven obligados a abandonar el coche y continuar a pie. Maya también descubre que han olvidado algunas pertenencias y comida, por lo que el viaje adquiere de inmediato un carácter caótico, casi aventurero.
Al caer la noche, pasan junto a un antiguo cementerio, y esta parte del camino se vuelve especialmente difícil para Maya. La oscuridad, las cruces, la luz de la luna sobre las ramas y el silencio la asustan hasta el punto de temblar de verdad. Bogdan tiene que tranquilizarla, y es en este ambiente incómodo y aterrador donde surge entre ellos la primera calidez humana genuina, libre de burlas y juegos. Maya siente que aún le tiene miedo, pero de una manera diferente, porque ahora el miedo se mezcla con la confianza.
Aldea
Tras vagar durante mucho tiempo, llegan a un pueblo donde encuentran refugio en casa de Svetlana Matveyevna. Esta mujer los recibe con calidez y sencillez, les da de comer, les da de dormir y se convierte en un apoyo temporal en medio del caos del camino. En el pueblo, Maya escapa por un momento del constante ir y venir y, por primera vez, puede contemplar el mundo con un poco más de calma.
Es entonces cuando aparece Rinat, un chico del lugar, quien rápidamente se fija en Maya. La acompaña a casa, coquetea con ella, intenta acercarse y varias veces intenta convertir su relación casual en un noviazgo formal. Para Maya, esto no tiene mayor importancia, ya que desde hace tiempo todos sus afectos están dedicados a Bohdan, pero para él, Rinat es una señal desagradable. Aún no lo llama celos, pero Maya nota un cambio en su mirada y en su comportamiento.
En el pueblo, su relación se vuelve más compleja y a la vez más estrecha. Maya ya no se muestra tan vulnerable a su lado, y Bogdan nota cada vez más su madurez, su terquedad y su devoción. Ya no ve a la chica del pasado, sino a una persona que dejó su hogar por él, que soportó dificultades y que no se rindió ni siquiera cuando las cosas no salieron como esperaba.
Esto se hace especialmente evidente cuando Bogdan enferma. Se debilita, permanece en cama y Maya se hace cargo de él, casi sin separarse de su lado. Svetlana Matveyevna lo ayuda con sus cuidados en casa, y Maya observa cada uno de sus movimientos, se preocupa y trata de ser útil. En esta parte de la historia, su amor deja de ser un sueño para convertirse en una realidad.
Más tarde, cuando Bogdan se siente mejor, van a una discoteca del pueblo. Allí, en medio de la sala estrecha, la música a todo volumen, el olor a cigarrillos y las miradas de los extraños, tienen una conversación que Maya recuerda con especial claridad. Bogdan habla de amor, del deseo de enamorarse, y Maya interpreta esas palabras como una señal, aunque todavía no está del todo segura. Una tensión latente flota entre ellos, en la que la ternura se mezcla constantemente con la incomodidad.
Más adelante en el camino
Tras el pueblo, el viaje continúa, y la travesía se convierte de nuevo en una sucesión de encuentros fortuitos, cansancio, conversaciones y nuevos obstáculos. Maya y Bogdan conocen a Olya, y luego a su tío, Sergei Vyacheslavovich, quien los recibe con calidez y les ofrece una cena tardía. Este episodio es importante no por su acción externa, sino porque los personajes se acostumbran cada vez más a convivir como pareja, viviendo el viaje juntos y sin poder fingir que no ocurre nada entre ellos.
Cuanto más avanzan, más se debilitan los viejos roles. Maya se esfuerza menos por fingir ser otra persona, y Bogdan se abre cada vez más a ella, incapaz ya de esconderse tras su habitual ironía. Su conexión crece a partir de pequeños detalles: del cansancio, del silencio compartido, de los celos, del cariño, del hecho de que uno siempre está ahí cuando el otro atraviesa dificultades.
Padre
Finalmente, llegan a la dirección que dio inicio a todo el viaje. Bogdan se dirige a donde está su padre, mientras Maya espera afuera bajo la lluvia torrencial. Para ella, son momentos de angustia, pues comprende cuánto ha invertido Bogdan en esta búsqueda y lo doloroso que podría resultar este encuentro para él.
Cuando Bogdan sale, queda claro de inmediato que nada bueno ha sucedido. Furioso y dolido, abre la puerta bruscamente, declara que no debieron haber venido y su actitud refleja una profunda decepción. El encuentro con su padre no le brinda consuelo, ni claridad, ni la sensación de haber encontrado una familia. Al contrario, reabre una vieja herida y destruye la esperanza que lo había mantenido con vida durante tanto tiempo.
Maya permanece a su lado precisamente cuando Bohdan atraviesa sus momentos más difíciles. No le dice palabras duras ni intenta sermonearlo, simplemente comparte su dolor y no lo deja solo. A partir de entonces, casi toda la distancia entre ellos desaparece, porque Maya se convierte en la persona con la que Bohdan puede contar incluso en los momentos más duros.
Las escenas finales transcurren en la costa del Golfo de Finlandia. Maya y Bogdan caminan sobre la arena mojada, dejando huellas de zapatillas, y su conversación ya no es tan ambigua como antes. Bogdan confiesa claramente sus sentimientos, y Maya finalmente recibe la reciprocidad que tanto anhelaba. Escriben la palabra "Felicidad" en la arena, y la ola la borra rápidamente. Para ellos, esto ya no es una pérdida, sino una señal de que lo que buscaban no permanece en la orilla, sino entre ellos.
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