Part 3 Prado Museum – Pantoja de la Cruz, Juan -- La reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II
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La paleta cromática se centra en tonos oscuros: predominan los negros y los marrones, acentuados por el brillo de las joyas y la luminosidad de la piel. El vestido, de terciopelo negro, está ricamente adornado con encajes, perlas y una profusa ornamentación que denota su posición social privilegiada. Los puños, en un tejido rojo con detalles decorativos, contrastan con la sobriedad del resto de la indumentaria, atrayendo la atención sobre las manos, delicadas y elegantemente engalanadas con anillos.
El fondo es casi completamente oscuro, lo que intensifica el efecto de frontalidad y concentra la mirada en la retratada. A la derecha, se vislumbra una cortina o tapiz con un diseño complejo, posiblemente heráldico, aunque su función principal parece ser proporcionar una sutil textura visual sin distraer del sujeto central.
La composición es formal y rígida, propia de los retratos cortesanos de la época. La postura es erguida, casi inamovible, lo que refuerza la impresión de solemnidad y autoridad. El peinado, elaborado con adornos florales y plumas, revela una meticulosa atención al detalle y un deseo de exhibir riqueza y refinamiento.
Más allá de la mera representación física, el retrato parece buscar transmitir una imagen de virtud y nobleza. La ausencia de sonrisas o gestos exagerados sugiere una personalidad reservada y controlada, acorde con las expectativas impuestas a las mujeres de la realeza. La opulencia del vestuario y los adornos no solo simboliza su estatus social, sino también el poder y la magnificencia de la corte a la que pertenece. El uso de colores oscuros podría interpretarse como una referencia al luto o a la gravedad inherente a las responsabilidades reales, aunque esta interpretación es especulativa. En definitiva, se trata de un retrato diseñado para proyectar una imagen idealizada de la retratada, consolidando su posición dentro del entramado político y social de su tiempo.