"Solo duele cuando me río" de Dina Rubina, resumen
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La obra se publicó en 2010. Este libro es una narración autobiográfica coherente, fruto de la pura casualidad. Cuando el ordenador del autor se averió, el joven autor extrajo archivos antiguos con decenas de conversaciones. Al releer las entrevistas guardadas de diferentes años, decidió combinarlas, eliminar lo superfluo y componer un texto independiente sobre el arte de escribir, la emigración y los viajes.
El desarrollo de un escritor y las realidades soviéticas
Los acontecimientos comienzan con recuerdos de sus inicios. A los dieciséis años, la joven estudiante envió un cuento a la revista moscovita "Yunost". Su publicación en dicha revista, con una tirada de tres millones de ejemplares, le valió fama nacional. La chica recibió una suma considerable para la época: 98 rublos. Con ese dinero compró un suéter rosa de aspecto poco agraciado a un especulador del mercado. Este éxito inicial le permitió obtener rápidamente el codiciado carné de miembro del Sindicato de Escritores.
Su nuevo estatus le da derecho a visitar la Casa Central de Escritores en Moscú. Se entretiene bromeando con los severos porteros: finge ser una provinciana ingenua, se palpa los bolsillos y soporta comentarios groseros antes de sacar su Libro Rojo. Allí también conoce a su futuro esposo, el artista Boris Karafelov. Su aspecto clásico y su distinguida barba le abren todas las puertas sin problema.
La euforia provincial choca con la dura necesidad de ganarse la vida. Los escritores sobreviven traduciendo autores nacionales. Dina Rubina describe su experiencia como escritora fantasma en Uzbekistán. Un día, le encargan traducir una torpe traducción interlineal de una novela clásica local. Pronto, fragmentos de prosa perfecta emergen del texto mediocre: un plagio descarado de la historia inacabada de Mijaíl Lérmontov. Ante el peligro de delatar a un poderoso líder del partido, la traductora se ve obligada a adaptar penosamente el clásico del siglo XIX al mundo de las granjas colectivas.
Técnicas artesanales y la búsqueda de temas
La escritura se describe como un ejercicio de imaginación constante. El maestro debe mantener al público en vilo y dominar cada situación. Se cuenta la historia de un diplomático que imitó a un catador excepcional y engañó a un barón austriaco adivinando el mes de la vendimia de un vino único.
El material para las historias se obtiene de todas partes. El escritor escucha conversaciones en cafeterías, mientras espera en la consulta del médico, y anota las entonaciones de otras personas en el reverso de las recetas. Se revela el conflicto entre la literatura y lo cotidiano: los prototipos de la vida real a menudo se ofenden al descubrir sus propios rasgos en los personajes literarios. El creador reivindica el derecho a utilizar cualquier material humano, ignorando las amenazas de demandas y la pérdida de amistades. Un fantasma ficticio siempre es más poderoso y vívido que el original.
Emigración y Jerusalén Babilonia
Mudarse a Israel en 1990 fue como un salto al vacío. Las primeras noches en Jerusalén estuvieron marcadas por una lluvia torrencial y una sensación surrealista. Poco a poco, la ciudad se fue volviendo más familiar. El autor desmiente el mito del carácter oriental de Israel, describiéndola como un bullicioso destino mediterráneo.
Jerusalén funciona como un colosal escenario teatral. La multitud está repleta de personajes grotescos que recuerdan vívidamente a los personajes de los patios de Tashkent y las calles de Odesa. El libro describe viajes en tranvía por Odesa, la compra de unas enormes medias moradas a un vendedor ambulante de aspecto pintoresco y un sombrío diálogo con un viejo relojero.
El ambiente en Jerusalén está cargado de una tensión palpable. A diario ocurren sucesos absurdos y trágicos. La autora invita a café a un grupo de trabajadores árabes que reparan las tuberías de su apartamento y, junto a ellos, escucha por radio informes sobre atentados terroristas frustrados. La policía hace estallar bolsas sospechosas, mientras los ciudadanos siguen pasando el cordón policial con normalidad. Las festividades cristianas y judías de primavera provocan una afluencia masiva de gente, desencadenando brotes de un peculiar «síndrome de Jerusalén» entre los turistas religiosos.
La libertad lingüística y las paradojas de la comunicación.
Se presta especial atención a la textura verbal. El autor defiende el uso de lenguaje obsceno para caracterizar con precisión a los personajes, comparándolo con un muralista que requiere una amplia gama de colores. Anécdotas de la vida real demuestran la naturalidad del lenguaje fuerte en situaciones extremas. El episodio de la yegua evacuada, que se negó a tirar del carro y solo respondía a las palabrotas de los cadetes pilotos, evidencia el poder oculto de la fonética popular.
La sociedad israelí se caracteriza por una marcada falta de respeto a los rangos. Los israelíes adoptan de inmediato el trato informal de «ty» y prescinden de los patronímicos. Son prácticos y recios. Una inspectora municipal mide las dimensiones del apartamento de alguien, ignorando por completo la intensa relación sexual que se desarrolla en el dormitorio.
Formación de la personalidad
Su enfoque de la educación es completamente desapasionado. Los niños que escriben están condenados a soportar la constante ocupación de sus padres. El niño desarrolla sus propias reacciones defensivas y una forma única de comprender el mundo. Se acumulan afirmaciones infantiles absurdas y mitos retorcidos. De las fantasías infantiles surgen dramas reales. Una niña de once años, viendo por televisión las consecuencias de un sangriento atentado terrorista en el centro de Jerusalén, llora amargamente por la captura de Atlanta por los yanquis en la novela "Lo que el viento se llevó". Un niño pequeño en Moscú confunde a un vagabundo que duerme en una plaza con Lenin, que ha escapado del Mausoleo. Y un cachorro de raza japonesa, entrenado para orinar con una palabra clave, hace que toda la familia grite el nombre del fundador del marxismo en el bosque. Los niños debaten sobre ideología, emitiendo veredictos paradójicos.
El servicio militar de su hija adulta en el ejército israelí le ha sacado algunas canas. Presta servicio en una base secreta cerca de la frontera con Egipto y bromea diciendo que si se revelan secretos militares, tendrá que matar a su propia madre. El ejército fomenta la libertad interior en los adolescentes, enseñándoles, mediante el entrenamiento, a elegir entre los intereses individuales y los de la sociedad.
Carreteras, ciudades y el nacimiento de las ideas
Las rutas de la autora la llevan por Europa, América y Rusia. La vida en el extranjero le proporciona constantemente material para el análisis. A menudo, obtiene historias de taxistas y viajeros ocasionales. Cita la historia de un conductor moscovita que atesora un billete de cien dólares que le regaló un político como una reliquia sagrada, pero se niega categóricamente a votar por él en las elecciones. En un país extranjero, la escritora absorbe cada detalle, ya sea la ira de una mujer india adinerada en un restaurante italiano o una cola absurda para comprar arenque crudo en La Haya. En Alemania, se aprecian cambios en el comportamiento nacional: los nietos de inmigrantes soviéticos profieren palabrotas en las tribunas, y los jóvenes alemanes nativos se niegan a arrepentirse de los pecados de una época pasada.
Es en estos viajes donde nacen nuevos libros. La idea para la novela "La letra de Leonardo" surgió durante un desayuno en Boston, tras escuchar la historia de un fagotista atrapado en un puerto de montaña durante una tormenta de nieve. La imagen del personaje principal se cristaliza en el sofocante calor de Miami, después de conocer a la acróbata aérea Lina Nikolskaya. Los detalles de la profesión circense se van recopilando poco a poco, mientras el escritor se sumerge en el hermético mundo profesional.
La otra cara de las giras
Hablar en público es físicamente agotador y genera ingresos inestables. Los vuelos entre ciudades estadounidenses se convierten en maratones extenuantes. El autor suele coincidir con Igor Guberman, compartiendo habitaciones con anfitriones hospitalarios.
El libro está repleto de anécdotas sobre colegas. Los recuerdos de Renata Mukha se leen como novelas independientes. Su relato oral sobre su tía Ida Abramovna, quien, en la hambrienta Tashkent, alimentó a un artista popular visitante con un pollo dorado con la esperanza de un romance, se convierte en la culminación del humor cotidiano. Describe reuniones con el artista Alexander Okun, donde el alcohol se mezclaba con debates filosóficos y situaciones cómicas.
La carga de la memoria y el paso del tiempo
El amor, la familia y la vida cotidiana quedan supeditados al ritmo de la máquina de escribir. La creatividad exige un silencio absoluto. Dramas personales, rupturas y trastornos se condensan en prosa. El escritor confiesa celos patológicos y una ansiedad debilitante hacia sus familiares cercanos.
Con el paso de los años, el temor a una pérdida irreversible se intensifica. Cada año, en el Día de la Victoria, la escritora llama a su anciano padre, rezando para preservar este breve ritual telefónico para el futuro. El recuerdo de la guerra genera incomprensión entre los civiles de otros países. Los veteranos israelíes con medallas soviéticas resultan extraños para los comerciantes locales, quienes lucharon en sus cuatro guerras de Oriente Medio sin condecoraciones.
Los repetidos viajes a Moscú revelan marcados contrastes sociales. Ancianos empobrecidos en el metro imploran que se preserve su naturaleza, provocando la indiferencia de los demás pasajeros. Mientras tanto, conductores respetables luchan en los cruces durante los atascos primaverales. Al analizar sus hábitos y reacciones ante la realidad que la rodea, la escritora admite: «Mi única vida, ayer, hoy y mañana, es material para un futuro libro».
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