"El demonio" de Mikhail Lermontov, un resumen
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Este poema romántico fue escrito en 1839. El autor lo reelaboró a lo largo de diez años, creando varias ediciones. Debido a la estricta censura, la obra circuló durante mucho tiempo exclusivamente en copias manuscritas, y la primera edición completa se publicó en el extranjero, en Alemania. En 1871, el compositor Anton Rubinstein creó una ópera homónima basada en el poema. La producción musical alcanzó un enorme éxito.
El espíritu del exilio sobre Georgia
El afligido demonio sobrevuela la tierra pecaminosa. Recuerda los tiempos en que brillaba en la morada de la luz como un querubín puro. El exiliado vaga por el mundo sin refugio. Siglo tras siglo transcurre en una sucesión monótona. Dominado por la insignificante tierra, siembra el mal sin placer. Su astucia no encuentra resistencia en ningún lugar. Hace mucho que se cansó de tal eternidad.
Volando sobre el Cáucaso, el espíritu contempla majestuosos paisajes montañosos. Abajo, Kazbek resplandece con nieves eternas. El serpenteante Darial se alza negro como una profunda grieta. El Terek salta sobre las rocas como una leona de melena desgreñada. Bestias y aves de montaña escuchan el murmullo de las aguas del río. Nubes doradas acompañan al río hacia el norte. Los acantilados inclinan sus cabezas sobre las olas danzantes. Las torres de los antiguos castillos se yerguen como centinelas gigantes.
Más adelante, se abren los valles de la exuberante Georgia. Allí, arroyos cristalinos fluyen sobre rocas multicolores. Los ruiseñores cantan sus dulces melodías entre los rosales. Bajo las frondosas copas de los plátanos, los ciervos tímidos se resguardan del calor abrasador. Pero la belleza de la naturaleza sureña no despierta en el corazón de Demon otra emoción que una fría envidia.
La atención del ángel caído se centra en la casa del príncipe Gudal, de cabellos grises. Gudal prepara una gran celebración. Su hija, la joven princesa Tamara, se casa. La novia se sienta en la azotea alfombrada, rodeada de sus amigas. Toma una pandereta y realiza su baile prenupcial. Mañana, una extraña familia espera a Tamara.
La muchacha hace girar una pandereta sobre su cabeza, se mueve con la ligereza de un pájaro, se detiene y mira con una mirada húmeda. Su pie se desliza suavemente sobre la alfombra. Ni el gobernante de la dorada Persia besó jamás unos ojos semejantes. Desde que el mundo perdió el paraíso, no ha florecido tal belleza bajo el sol del sur.
El demonio ve a una bailarina. Una emoción olvidada despierta repentinamente en su interior. Su alma oscura se llena de sonidos de bondad. El exiliado no puede apartar la vista de Tamara. Siente una extraña tristeza y descubre la santidad del amor.
La tragedia del sinodal
El prometido de Tamara, gobernante del Sínodo, se apresura hacia el banquete nupcial. Su rica caravana recorre un camino estrecho cerca del río Aragva. El novio viste una chukha adornada con trenzas. La empuñadura de su sable brilla al sol y un fusil cuelga de su espalda. Su elegante caballo, de un precioso color dorado, mira de reojo las olas que galopan. El camino es estrecho y peligroso. Cerca de la capilla reposan los restos del santo príncipe. Tradicionalmente, los viajeros rezan aquí pidiendo protección contra la daga musulmana.
Un espíritu maligno perturba los pensamientos del joven. El novio pasa a su lado, absorto en los recuerdos de los besos de su prometida. Siluetas fugaces se vislumbran a lo lejos, un disparo resuena. Comienza una breve batalla con los bandidos. El valiente príncipe se alza sobre sus estribos tintineantes y se lanza contra sus enemigos.
La caravana saqueada permanece en la estepa. Una bala osetia alcanza al mozo de cuadra en la oscuridad. Un caballo saca a su amo herido del campo de batalla. El corcel chamuscado corre hacia el patio de Gudal y se desploma sobre las piedras junto a la puerta. Un jinete sin vida yace sobre su lomo.
La seducción del afligido
La familia Gudal está destrozada por el dolor. La pobre Tamara solloza en su cama. De repente, oye una voz mágica. Un consuelo invisible la insta a no llorar. Le asegura que los muertos no comprenderán su tristeza.
La voz promete volar a su encuentro cada noche. Jura traerle sueños dorados hasta el amanecer. Las palabras se desvanecen. La niña siente a la vez deleite y miedo. El fuego corre por sus venas. Antes del amanecer, Tamara se duerme. Sueña con un hermoso desconocido, ni ángel ni espíritu del infierno. Él se apoya en su cabecero con amor y tristeza.
Salida hacia el monasterio
Tamara le ruega a su padre que no la regañe. Rechaza a todos sus pretendientes. La joven es atormentada por un espíritu maligno. Pide que la envíen a un monasterio. Gudal lleva a su hija a un monasterio apartado.
La muchacha se viste con el hábito monástico. Su corazón sigue latiendo con la misma fuerza. En el templo, entre los cánticos de oración, suele oír voces familiares. Una imagen conocida se desliza entre el ligero humo del incienso.
El monasterio se alza en un lugar fresco entre las colinas. Plátanos y álamos crecen a su alrededor. Cerca de allí brotan manantiales de agua fría. El corazón de Tamara está cerrado al éxtasis puro. El mundo entero le parece oscuro. La muchacha se postra ante el icono en un frenesí. Por la noche, llora amargamente.
Reunión en la celda
Un demonio vuela hacia el monasterio. Durante mucho tiempo, duda en perturbar la paz del apacible refugio. El espíritu está listo para abandonar su cruel intención. Una tierna canción brota de la ventana de la celda. El exiliado comprende por primera vez el anhelo del amor. Una lágrima pesada rueda por su mejilla, quemando la piedra.
Entra en la celda, con el alma abierta a la bondad. Un querubín resplandeciente se encuentra junto a la muchacha. El mensajero del paraíso cubre al pecador con su ala. El ángel reprende al espíritu inmundo y le ordena que se marche. El espíritu maligno sonríe con malicia. Un antiguo odio despierta en su interior y reclama a la muchacha como suya. El ángel se marcha con tristeza.
Tamara, atemorizada, le pregunta al huésped quién es. El espíritu se presenta como enemigo del cielo. Le confiesa una pasión sobrenatural. La exiliada, conmovida, le ruega que la escuche. El ángel caído promete convertir a Tamara en reina del mundo.
El beso fatal
La muchacha escucha al desconocido con secreta alegría. Le pide que haga un juramento trascendental. El demonio pronuncia numerosos votos. Jura por el primer y el último día de la creación, por la vergüenza del crimen y el triunfo de la verdad. El espíritu promete renunciar a los pensamientos orgullosos. Desea orar y creer en la bondad. El ángel caído sugiere recoger el rocío de las flores de medianoche y construir palacios de color turquesa.
El exiliado roza sus labios con los suyos, ardientes. Su mirada poderosa resplandece en la oscuridad de la noche. El veneno mortal de su beso penetra en el pecho de Tamara. Un grito terrible resuena. Fusiona amor, sufrimiento y una despedida desesperada a la vida.
El vigía nocturno recorre el muro del monasterio. El anciano oye un beso de asentimiento, un grito fugaz y un leve gemido proveniente de la celda. Con temor, recita una oración al santo. El vigía se persigna con dedos temblorosos y continúa su camino.
El vuelo del alma
Tamara yace en su ataúd, vestida con sus mejores ropas. Como una vinca dormida, se encuentra entre las flores de su desfiladero natal. Sus pestañas permanecen cerradas para siempre. Un rayo de luz dorada se desliza inútilmente sobre ellas. Sus rasgos, rebosantes de belleza, carecen de emoción, como el mármol. Una extraña sonrisa se congela en su rostro. En esa sonrisa se vislumbra un frío desprecio y una silenciosa despedida. Sus familiares la besan, pero nada puede romper el sello eterno de la muerte.
Gudal monta un caballo de crin blanca, tirando de sus canas. Sus familiares llevan el cuerpo entre los huesos de sus abuelos. La niña es enterrada en una iglesia solitaria en la cima del monte Kazbek. Esta iglesia fue construida en su día por uno de los antepasados de Gudal para la expiación de los pecados.
Un ángel santo lleva el alma de Tamara en un abrazo dorado. Disipa sus dudas con dulces palabras. De repente, un espíritu infernal se cruza en su camino. Los mira fijamente con su mirada malévola. El demonio declara con orgullo: "¡Es mía!".
La decisión del cielo
El alma de la niña se aferra a su guardián aterrorizada. El ángel exclama: «¡Desaparece, espíritu oscuro de la duda!». Dice que los días de prueba han terminado. Tamara ha expiado sus dudas a un precio cruel. Sufrió y amó, y ahora el paraíso se ha abierto al amor.
El ángel bate sus alas con alegría y desaparece en el cielo. El demonio vencido maldice sus sueños delirantes. Una vez más, se encuentra solo en el universo, sin esperanza.
En la ladera de una montaña de piedra sobre el valle de Koyshaur se alzan las almenas de antiguas ruinas. Son los restos del castillo de Gudala. El pueblo se desmorona a sus pies, la tierra se regocija en primavera como un niño. Las caravanas pasan, el río resplandece. El castillo es lúgubre y solitario. Solo arañas, lagartos y serpientes cautelosas habitan allí. Una iglesia en una escarpada cima conserva con firmeza la paz de los muertos bajo sus mantos de nieve. El poderoso hielo y las ventiscas custodian con severidad su sueño eterno.
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