"La verdad es buena, pero la felicidad es mejor" de Alexander Ostrovsky, resumen
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«La verdad es buena, pero la felicidad es mejor» es una comedia de Alexander Nikolaevich Ostrovsky, escrita en 1876. La obra retrata vívidamente el choque entre los rígidos cimientos patriarcales de los ricos comerciantes moscovitas y los sentimientos sinceros de los jóvenes, donde el destino no se decide por cálculos justos ni por la honestidad, sino por una simple coincidencia y la aparición oportuna de un viejo conocido. La comedia se estrenó en el Teatro Maly en 1876 y rápidamente alcanzó gran popularidad, convirtiéndose en un clásico del repertorio teatral.
Acto uno: Órdenes estrictas y sentimientos secretos
Los acontecimientos se desarrollan en Moscú, en el jardín de la acaudalada casa del comerciante Amos Panfilich Baraboshev. Amos Panfilich es un viudo de cuarenta y tantos años, pero quien realmente ostenta el poder en la casa es su madre, Mavra Tarasovna. Esta mujer corpulenta y dominante, de sesenta y tantos años, aterroriza a toda la familia y exige obediencia absoluta. Su nieta, Polixena, una joven, sufre el confinamiento en casa, pues su abuela no la deja salir y vigila cada uno de sus movimientos.
La anciana niñera Filitsata, que siente una sincera compasión por su pupilo, conversa con la pobre viuda Pelageya Grigoryevna Zybkina. Resulta que Polixena está secretamente enamorada del hijo de Zybkina, Platon. Los jóvenes encuentran la manera de verse: Polixena a veces salta la valla del jardín. Platon es descrito como un joven honesto y directo, completamente incapaz de engañar. Debido a su costumbre de decir la verdad a sus superiores, no logra conservar un solo trabajo.
La familia Zybkin le debe doscientos rublos a los Baraboshev. El empleado de los Baraboshev, Nikandr Mukhoyarov, un hombre astuto y egoísta, tiene la mira puesta en Polixena y su rica dote. Para eliminar a su rival, Mukhoyarov persuade a Amos Panfilich para que exija el pago inmediato de la deuda y, en caso de impago, encarcele a Platón. Mientras tanto, Platón y Polixena se encuentran en secreto en el jardín. Platón admite con franqueza que no tiene ni un centavo, pero esto no detiene a Polixena: está dispuesta a amarlo incluso en la pobreza. La niñera, Filitsata, al ver la sinceridad de sus sentimientos, promete ayudar a los amantes.
Acto II: El cobro de deudas y el viejo soldado
La acción se traslada al modesto y humilde apartamento de los Zybkin. Platon regresa a casa cansado, pero con dinero. Para reunir la suma necesaria para pagarle a Baraboshev, empeñó absolutamente todas sus pertenencias, incluido su reloj. Poco después, Filitsata llega a casa de los Zybkin, acompañado por un suboficial retirado, Sila Yerofeich Groznov. Es un hombre de setenta años con un uniforme holgado y el pecho cubierto de medallas por su servicio militar. Groznov se encontraba casualmente en Moscú y se hospedaba en casa de los Zybkin.
Filitsata agasaja al viejo soldado con unas manzanas, y durante su conversación, un hecho sorprendente del pasado sale a la luz. Resulta que, muchos años atrás, cuando Groznov aún era joven, tuvo un apasionado romance con la mismísima Mavra Tarasovna. Por aquel entonces, ella aún no era la severa y dominante comerciante que era. Groznov partió a una campaña militar, y sus caminos se separaron para siempre.
Al oír esta historia, la astuta Filitsata idea de inmediato un plan para salvar a Platón y Polixena. Persuade a Sila Yerofeich para que la acompañe a casa de los Baraboshev y se presente como su antiguo amante. Al mismo tiempo, Mukhoyarov, el escribano, llega a casa de los Zybkin exigiendo el pago inmediato de la deuda. Platón le entrega los doscientos rublos que había ahorrado con tanto esfuerzo. Sin embargo, Mukhoyarov se comporta con insolencia, y Platón, incapaz de soportar su arrogancia, acusa al escribano en su cara de engañar y robar el dinero del amo.
Acto tres: Incidentes nocturnos en el jardín del mercader
Cae la noche y la acción regresa al jardín de los Baraboshev. El jardinero Gleb Merkulych, quejándose de la dura vida de los sirvientes, roba a escondidas las manzanas del amo. Mavra Tarasovna, al oír un ruido sospechoso en el jardín, ordena que localicen y capturen al ladrón. Mientras tanto, Platón se cuela en el jardín para otra cita secreta con Polyxena.
De repente, Baraboshev y Mukhoyarov aparecen en el jardín. Amos Panfilich está muy borracho, y el astuto empleado se aprovecha de su estado. Mukhoyarov le entrega pagarés falsificados al ebrio amo para que los firme, con la intención de arruinarlo por completo y apoderarse de la fortuna familiar. Platón, escondido entre los arbustos, se convierte en testigo involuntario de esta transacción criminal.
Cuando finalmente descubren a Platón en el jardín, Mukhoyarov lo acusa inmediatamente de robar manzanas. Se desata un gran escándalo. Platón intenta desesperadamente contar la verdad sobre los billetes falsos y el fraude del empleado, pero nadie le cree. Mukhoyarov manipula la situación con maestría, retratando a Platón como un mentiroso y un ladrón. Baraboshev, haciendo caso omiso de todas las excusas, decide enviar a Platón a la cárcel de deudores, sin importarle que la deuda ya esté saldada. Horrorizada, Polyxena sale en defensa de su amado, discutiendo abiertamente con su padre y su severa abuela.
Cuarto acto: La aparición de Groznov y el triunfo del azar
Esa mañana, en el lujoso comedor de la casa de los Baraboshev, Filitsata lleva a cabo su plan: lleva a Sila Yerofeich Groznov directamente ante Mavra Tarasovna. La imperiosa comerciante, al ver de repente a su antiguo amor, se aterroriza al principio, confundiéndolo con un fantasma. Pero al confirmar que el viejo soldado está vivo, se ablanda considerablemente. Groznov le recuerda con ternura los días de su juventud, y la conmovida Mavra Tarasovna promete complacerle en todo. Groznov, tal como había acordado con Filitsata, pide perdón por Platón y permiso para casarse con Polyxena.
Mientras tanto, la verdad sobre los negocios del empleado finalmente sale a la luz. Platon y Filitsata logran demostrar las estafas de Mukhoyarov con pagarés falsificados. Mavra Tarasovna se da cuenta con horror de que Mukhoyarov ha estado engañando descaradamente a su ingenuo hijo durante mucho tiempo, llevando a la familia a la ruina total. Con decisión, expulsa al empleado de la casa y aparta a su hijo Amos de todo negocio, amenazándolo con meterlo en la cárcel si no aprende a comprender.
En el final, Mavra Tarasovna bendice oficialmente el matrimonio de Polyxena y Platón. Platón, encantado, declara con orgullo que su honestidad y verdad han triunfado. A esto, la sabia Mavra Tarasovna responde sarcásticamente que, de no ser por la pura casualidad — la aparición del viejo soldado Groznov — , Platón y su tan cacareada verdad ya se habrían pudrido en prisión. Pronuncia la frase que da título a la obra: «¡La verdad es buena, pero la felicidad es mejor!». La comedia concluye con la reconciliación general y las efusivas felicitaciones del viejo Groznov a los felices recién casados.
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