Tiempo de reunir piedras de Elena Mikhalkova, Resumen
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Esta historia de detectives psicológicos de 2007 explora el poder destructivo de la venganza arraigada y los secretos del pasado ocultos tras la fachada de una vida próspera en el pueblo, con una acumulación gradual de ansiedad a medida que las escenas cotidianas dan paso a descubrimientos aterradores y represalias brutales, y se revela que la principal fuente del mal es la cobardía de un ser querido.
Mudarse a Kalinovo y viejos secretos
El exitoso empresario Viktor Chernyavsky y su joven esposa, Tonya, se mudan de la capital al pueblo de Kalinovo. Viktor ha comprado una casa grande y hermosa donde solía pasar sus vacaciones de verano. Tonya, una antigua costurera, se esfuerza por complacer a su marido. Se hace trenzas con esmero, cocina platos exquisitos y se esmera por ser la ama de casa perfecta. Pero la vieja casa parece resistirse a sus nuevos dueños. Las tablas del suelo crujen, los muebles están fuera de lugar y se oyen ruidos extraños por la noche. Los vecinos desconfían de la pareja. Una vecina, la tía Shura, aparece con una revelación aterradora: los anteriores dueños, la numerosa familia de un cartero local, han desaparecido sin dejar rastro o han fallecido. La casa vecina, donde vivía Andrei, amigo de Viktor, también está vacía.
Poco después, Tonya encuentra un trozo de papel en una vieja cómoda con un poema de Joseph Brodsky sobre personas muertas cubiertas de hierba. Victor afirma no saber nada del papel.
Los vecinos y la amenaza oculta
Víctor se reencuentra con viejos amigos de la infancia: los hijos de la tía Shura, Kolya y Sasha. Los chicos suelen visitar a los Chernyavsky, rememorando el pasado. En el pueblo también viven otras personas: el cirujano plástico Arkady Leonidovich y su esposa, el alcohólico local Evgraf y el adinerado matrimonio Rybkin. Glafira Rybkina engañó a su abuela para que se suicidara, fingiendo quitarse la vida para quedarse con su herencia. Los Chernyavsky visitan a la familia Rybkin. Tonya se siente incómoda en su ostentosa mansión y, sin querer, ofende a su anfitriona con un comentario sobre sus hijos. Enfurecida, Glafira realiza un ritual mágico, intentando dañar a su invitada.
La salud de Tonya se deteriora rápidamente. Sueña con tener un hijo, pero en cambio sufre de hemorragias y fuertes dolores. La ginecóloga moscovita Iraida Andreyevna le asegura que está completamente sana. Desesperada, Tonya acude a la curandera local Antonina, considerada una verdadera bruja en el pueblo, en busca de una poción. Antonina le administra una medicina amarga, pero actúa de forma intimidante, murmurando conjuros sobre un tocón de roble y exigiendo cinco mil rublos. La poción surte efecto y Tonya se siente mejor.
Una serie de brutales asesinatos
La tensión aumenta cuando, temprano por la mañana, Tonya descubre a Glafira Rybkina ahorcada en su huerto de manzanos. El pueblo se llena de rumores aterradores. El policía local, Stepan Kapitsa, comienza a hacer preguntas. Pronto, ocurre un segundo asesinato. Temprano por la mañana, Viktor encuentra el cuerpo del cirujano plástico Arkady Leonidovich en el porche. Los bordes de los labios del médico muerto están cosidos a sus lóbulos de las orejas con hilo grueso, formando una sonrisa espeluznante y grotesca. El anciano desquiciado Evgraf espera a Tonya en la calle nevada, gritando que la casa sobrevivirá a los Chernyavsky. El alcohólico le arranca el miedo del rostro, inhalando ruidosamente, y profetiza una muerte terrible para la joven. Tonya siente cada vez más miedo, pero su esposo se niega rotundamente a abandonar Kalinovo. Compra una pistola y se prepara para defender la propiedad, dándole a su esposa un bote de gas pimienta.
Investigación policial y viejos pecados
El fiscal de distrito Ivan Kolomeyev y el oficial de policía local Kapitsa inician una investigación exhaustiva. Bajo la presión policial, Viktor se ve obligado a revelar un secreto guardado desde su infancia. Muchos años atrás, unos adolescentes espiaban con binoculares el patio de la bruja Antonina. Vieron a la curandera tratando a un drogadicto fugitivo de un pueblo vecino, azotándolo con una cuerda. Temiendo el peligro del vecindario, Viktor persuadió a los hijos del cartero, Mishka y Senka, para que prendieran fuego al granero de Antonina. Los muchachos rociaron la madera con gasolina y las llamas estallaron de inmediato. El drogadicto fugitivo murió quemado. Mishka asumió la culpa y recibió una larga condena de prisión. Senka murió más tarde en un incendio provocado por un cigarrillo sin apagar, y su hermana Zhenka vendió la casa y se mudó. Los padres del cartero murieron de pena. Viktor escapó al castigo porque su familia huyó precipitadamente del país.
Los fiscales buscan entre sus antiguos compañeros a un sospechoso que busca venganza. Las sospechas recaen sobre los hermanos Kolya y Sasha, quienes se encuentran detenidos, pero los jóvenes cuentan con una coartada sólida. También surge el nombre de otro amigo, Andrei. De niño, Viktor le reveló sin rodeos a Andrei el secreto de su adopción, contándole que su verdadera madre era una prostituta. El arrebato de su amigo provocó que el adolescente sufriera una crisis nerviosa. Los investigadores viajan a Moscú para visitar a los padres adoptivos de Andrei. Descubren que Andrei había luchado en la guerra de Chechenia y que ahora se encuentra en una clínica psiquiátrica cerrada. Los médicos confirman que siguió el tratamiento al pie de la letra y que nunca abandonó el sanatorio.
El cazador Zhenya y el ataque
El pánico se intensifica. Tonya vuelve a ver a la bruja Antonina para darle dinero. De regreso, se encuentra con el cazador Zhenya Gurich. Un hombre flácido y poco atractivo, con una barba rala, alquila una habitación a la abuela Stepanida. Zhenya ayuda a los lugareños a reparar cercas y puertas, y hornea deliciosas galletas con miel de trigo sarraceno. El hombre parece tranquilo, regañando al borracho Evgraf y defendiendo a Tonya. La esposa de Viktor regresa a casa, pero un mal presentimiento la atormenta. Esa noche, Tonya ve una máscara de papel blanco con rendijas negras para los ojos fuera de la ventana. Viktor sale corriendo al patio con una pistola, pero no encuentra a nadie. Ese día, Tonya se topa con Evgraf, quien toma la máscara que encontró bajo el manzano, la hace pedazos y la arroja a un montón de nieve. El oficial de policía Kapitsa llega y salva a la esposa del empresario del anciano enloquecido.
El verdadero rostro del asesino
El desenlace llega una noche en casa de los Chernyavsky. Mientras preparan sus cosas para marcharse, Tonya discute con Viktor por su crueldad. En un arrebato de ira, lanza su teléfono móvil contra la pared y destroza un gran espejo. Hunter Zhenya entra en la casa para despedirse. Inmediatamente después aparece el agente de policía Kapitsa, apuntándole con su arma. El policía ata cabos y descubre quién se esconde tras la apariencia de aquel hombre discreto. Hunter Zhenya Gurich resulta ser Zhenya Basmanova, la hermana de los mismos hermanos pirómanos condenados.
La joven vendió su apartamento en Voronezh y pagó una cirugía de reasignación de género. La ardua transformación física y la terapia hormonal eran necesarias con un único propósito: una venganza brutal. Zhenya regresó a Kalinovo disfrazada de un hombre trabajador para destruir a Viktor por haber arruinado la vida de su familia.
Zhenya relata su visita a su hermano mayor, Mishka, en prisión. El encarcelamiento había destrozado al muchacho. Mishka había enloquecido, perdido su forma humana y se había convertido en un animal burlón con un ojo tembloroso. Incapaz de soportar el dolor, Zhenya decidió castigar al verdadero culpable de la tragedia. Glafira y el cirujano murieron al descubrir accidentalmente su secreto. Rybkina, famosa por su buena memoria para los rostros, reconoció a la vecina. El cirujano plástico Mysin notó las distintivas cicatrices de las cirugías. Zhenya apuñaló al alcohólico Evgraf con un cuchillo largo y colocó el cadáver en una silla en el salón de los Chernyavsky. El anciano, tras adivinar la identidad del cazador, se regocijó con los asesinatos y frustró el plan asustando a Tonya.
El final de la historia
La policía rodea la casa. Al darse cuenta de que no podrá vengarse de Viktor, Zhenya recoge con sigilo un afilado trozo de espejo roto del suelo. Con un movimiento rápido, la vengadora se corta la garganta profundamente. El cazador muere en el suelo, en un charco de sangre, ante la mirada atónita de sus vecinos y la policía.
Víctor siente un alivio inmenso. El empresario planea seguir viviendo en su amada casa, convencido de tener toda la razón. Está seguro de que los hermanos Basmanov son los culpables de su propia estupidez y que él solo les sugirió la idea. Tonya, conmocionada por el egoísmo, la insensibilidad y la cobardía de su marido, hace las maletas. Finalmente comprende que fue Víctor quien provocó la cadena de muertes, destruyendo a la familia del cartero y destrozando la psique de Andrey. La casa está siendo desalojada y sus pertenencias se están desmoronando. Tonya se niega a quedarse con un hombre completamente desprovisto de conciencia. Abandona a Víctor para siempre y toma un autobús nocturno hacia la gélida Moscú.
El epílogo transporta al lector a la retorcida verja de hierro fundido del hospital. Ya adulto y tras haber superado duras pruebas, Andrei pasea por el parque nevado. En la puerta, se encuentra con Tonya. Los jóvenes se miran en silencio, y Tonya pronuncia su nombre en voz baja. Una solitaria hoja de roble se desprende de una rama y el viento la lleva hacia el cielo despejado, anunciando la llegada de la primavera.
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