"Lancelot, o el caballero de la carreta" de Chrétien de Troyes, resumen
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Este libro es un romance caballeresco en verso, encargado por María de Champaña en 1176. La obra introduce por primera vez el tema del amor secreto de Lanzarote del Lago por la reina Ginebra, esposa del rey Arturo. La trama se centra en las tribulaciones psicológicas de un caballero que sacrifica su honor en aras de un servicio desinteresado a su amada.
La novela forma parte de la serie artúrica del autor. Otras obras de la serie son Erec y Enide, Cligès, Yvain, o El caballero del león, y Perceval, o El cuento del Grial. Cronológicamente, este texto es el tercer libro de la serie.
El comienzo del conflicto en la corte del rey Arturo
Durante las celebraciones del Día de la Ascensión, el audaz caballero extranjero Meleagan aparece en la corte del rey Arturo. Le declara al monarca que mantiene cautivos a muchos de los súbditos de Logre. El villano lanza un desafío audaz: devolverá a los cautivos si encuentra a alguien valiente dispuesto a acompañar a la reina Ginebra al bosque y luchar contra él en solitario. Arturo se entristece al no encontrar en la corte a ningún caballero capaz de semejante hazaña.
El senescal Kay, maestro de ceremonias del banquete real, amenaza con abandonar su servicio para siempre. Exige el derecho a convertirse en protector de la reina. Arturo y Ginebra se ven obligados a aceptar estas condiciones. Kay rapta a la reina, pero pronto sufre una aplastante derrota en el bosque. El sobrino del rey, Gawain, convence a su tío para que lo persiga. Armados, el destacamento se adentra en la espesura, donde descubren el caballo destrozado de Kay.
Pronto, Gawain se topa con un caballero sin nombre. Su montura muere abatida. Gawain le da al soldado uno de sus caballos de repuesto. El héroe anónimo huye rápidamente tras sus captores. Poco después, Gawain descubre en un claro los vestigios de una brutal batalla y el caballo caído que le había dado al desconocido. Sin su montura ni su lanza, el héroe continúa su camino a pie.
El carro vergonzoso y el castillo encantado
Un caballero a pie se topa con un enano malvado que conduce una carreta. En aquellos tiempos, viajar en carreta se consideraba la mayor deshonra, equivalente al castigo para asesinos y ladrones. El enano promete traer noticias de la reina si el viajero se sienta con él. Debatiéndose entre la razón y el llamado de su corazón, el caballero duda. Por amor a Ginebra, traga su orgullo y sube a la carreta.
Tras encontrarse con Gawain, el trío llega a un lujoso castillo. Los lugareños se burlan del caballero en la carreta. La bella dueña del castillo ofrece a los huéspedes dos camas comunes, pero les prohíbe estrictamente dormir en la tercera, la más lujosa. A pesar de las advertencias, el temerario anónimo se acuesta en la cama prohibida. Justo a medianoche, un pesado dardo en llamas cae del techo. El arma casi atraviesa al huésped, prendiendo fuego a la manta.
El héroe apaga con serenidad las llamas, arroja su lanza y se recuesta para terminar su siesta. Por la mañana, desde la ventana de la alta torre del homenaje, ve a Meleagan llevándose a Ginebra, acompañado de guardias. Desesperado, el caballero intenta arrojarse por la ventana, pero Gawain lo detiene justo a tiempo. La señora del castillo, admirando el valor del guerrero caído en desgracia, le da un nuevo caballo y una lanza. Los compañeros continúan la persecución.
Dos puentes mortales y una encrucijada
En una encrucijada de senderos forestales, una joven informa a los caballeros que la reina ha sido llevada al reino de Gorr. Esta tierra está gobernada por el sabio rey Badmagyu, y Meleagan es su hijo. Solo hay dos rutas mortales hacia la región montañosa: el Puente Submarino o el Puente de la Espada. Gawain, con prudencia, elige el sendero de piedra oculto bajo el agua. El caballero anónimo se dirige al segundo puente.
Absorto en pensamientos amorosos, el héroe ignora las órdenes del severo guardián. Empuja al viajero soñador al agua helada. Al recobrar el conocimiento, el caballero desenvaina su espada y derrota rápidamente a su oponente en un duelo singular. A petición de la doncella que llega, el vencedor perdona la vida del hombre caído. Más tarde, el héroe pasa la noche con otra noble, quien le impone una condición: debe compartir su cama.
Esa noche, salva a su amante de un ataque simulado por seis guardias. El caballero se acuesta, pero mantiene su voto de castidad, sin tocar a su compañera. Por la mañana, la doncella se ofrece a acompañarlo. En un claro del bosque, encuentran un peine de marfil olvidado sobre una piedra. El rubio cabello de la reina está enredado en sus dientes. El caballero guarda con reverencia el mechón de cabello en su pecho, como si fuera la reliquia más sagrada.
Pruebas en la carretera y el puente de la espada
El camino está bloqueado por un joven enamorado de la compañera del héroe. Pretende secuestrarla por la fuerza. La situación se resuelve gracias a la llegada oportuna del anciano padre del joven, quien obliga a su hijo a retroceder. Poco después, el héroe encuentra un cementerio cerca de una capilla. Con aire juguetón, levanta una pesada losa de mármol de la tumba. Un monje de cabellos grises le explica que este acto presagia la llegada de un salvador que liberará a todos los cautivos de la tierra de Gorr.
El guerrero llega al Paso de Piedra, donde repele con éxito el ataque de los guardias. Los lugareños del país de Logr, que languidecen en cautiverio, reciben con alegría a su libertador y lo ayudan en una breve batalla contra sus enemigos. Al atardecer, el héroe llega al Puente de la Espada. El puente es una afilada hoja de damasco que cuelga sobre un abismo negro y helado. En la orilla opuesta, rugen leones ilusorios.
El caballero se quita la cota de malla, las calzas y las botas. Sangrando y sufriendo un dolor terrible, se arrastra por el filo de la espada. Tras cruzar el abismo, el héroe contempla el anillo mágico del hada. La ilusión de las bestias depredadoras se disipa al instante. El rey Badmagyu, que había estado observando el cruce desde su torre, queda asombrado por el valor sin precedentes de su huésped. Le ofrece descanso y lo trata con ungüentos mágicos.
La batalla por la reina y la frialdad de Ginebra
Meleagan se niega a entregar pacíficamente a su prisionero. Un brutal duelo comienza en la pradera frente al castillo. El héroe herido empieza a debilitarse bajo la lluvia de golpes. Una de las doncellas reconoce el nombre del guerrero y lo llama a gritos. Al oír la llamada, Lanzarote del Lago se vuelve y ve a Ginebra en la ventana. El amor le infunde nuevas fuerzas y comienza a empujar furiosamente a Meleagan contra la pared.
A petición del aterrorizado Badmagyu, Ginebra ordena detener la batalla. Lanzarote baja su espada al instante. Los rivales acuerdan una batalla final en la corte del rey Arturo dentro de un año. Lanzarote, sangrando profusamente, anhela un cálido reencuentro con su amada. Sin embargo, Ginebra se niega desafiante a hablarle y se aleja. El héroe, despechado, cae en una profunda desesperación.
Lancelot parte en busca de Gawain. Los malvados hombres del reino de Gorr engañan al Caballero del Lago para que lo capture. Un falso rumor sobre la muerte de su protector llega a oídos de Ginebra. La reina lamenta amargamente su dureza, admitiendo que su ira se debió únicamente a la momentánea vacilación de Lancelot ante el carro de la vergüenza. Lancelot, al enterarse de la supuesta muerte de la reina, intenta ahorcarse con su propio cinturón.
Sábanas ensangrentadas y la acusación de Kay
Los compañeros cortan la soga del cuello del caballero justo a tiempo. El héroe regresa al castillo de Badmagü, donde los amantes finalmente se reconcilian. Ginebra organiza una cita secreta nocturna con él. Al amparo de la oscuridad, Lanzarote rompe los barrotes de hierro de la ventana con sus propias manos y entra en la habitación de la reina. Los afilados barrotes le cortan profundamente los dedos, pero la pasión eclipsa el dolor físico.
La sangre de las heridas de Lanzarote mancha las sábanas blancas de la reina. Por la mañana, el cruel Meleagón irrumpe en la habitación y descubre huellas ensangrentadas. Acusa públicamente a Ginebra de adulterio con el herido senescal Kay, cuya cama se encuentra en la misma habitación. Lanzarote jura defender el honor de la reina y demostrar la inocencia de Kay en un juicio por combate contra Meleagón.
La lucha se detiene una vez más ante la insistente petición del sabio Badmagyu. Lanzarote, tras recibir permiso, se dirige al Puente Submarino. Allí, ayuda a sacar del agua a Gawain, que se está ahogando. De repente, un astuto enano aparece montado en un veloz caballo y engaña a Lanzarote para que lo siga. Gawain y Ginebra, tras recibir una carta falsificada del Caballero del Lago, regresan a la corte del rey Arturo.
Encarcelamiento en la torre y torneo en Noo
Meleagan ordena a unos albañiles que construyan una torre secreta y sin puerta en una costa desierta. El villano encierra a Lancelot dentro, dejando solo una pequeña ventana para pasarle escasa comida. El prisionero está condenado a una muerte lenta. Mientras tanto, las damas de la nobleza organizan un gran torneo en Noé, prometiendo casarse con los ganadores.
La esposa del senescal que custodiaba el dominio de Meleagan se compadece del prisionero. En secreto, libera a Lancelot para el torneo, bajo un estricto juramento de regreso. El héroe recibe una magnífica armadura escarlata. El primer día del torneo, el Caballero Escarlata derriba fácilmente a todos sus renombrados oponentes. Ginebra, intuyendo quién se esconde tras la máscara, envía a un sirviente con órdenes de luchar lo peor posible.
Lanzarote obedece sin quejarse. Evita cobardemente el combate, provocando abucheos y burlas entre la multitud. Al día siguiente, la reina pone a prueba su obediencia una vez más y luego le permite luchar con todas sus fuerzas. Lanzarote recupera su honor, eclipsando a todos los presentes con su destreza. Tras completar el torneo, el caballero regresa de incógnito a la prisión de piedra, cumpliendo fielmente su palabra.
La liberación y el enfrentamiento final
La hermana de Meleagan recuerda al caballero que una vez le perdonó la vida a un criminal derrotado. La joven parte en busca de Lancelot. Al oír sus gemidos en la torre, encuentra una herramienta resistente y ayuda al prisionero a abrir una brecha en la muralla. La hermana del villano cuida al exhausto prisionero hasta que recupera la salud, devolviéndole sus fuerzas, y le proporciona un veloz caballo para el viaje hacia Arturo.
Meleagan llega con arrogancia a la corte del monarca y exige que Gawain cumpla su promesa de luchar en lugar del caballero desaparecido. Gawain ya se está armando para la batalla, pero en ese momento aparece Lanzarote, sano y salvo. Toda la corte recibe al verdadero héroe con júbilo desbordante. Ginebra, con gran dificultad, reprime sus ardientes sentimientos, manteniendo la compostura.
Arturo traslada el escenario del duelo decisivo a una pradera florida, donde crece un antiguo sicómoro y brota un manantial cristalino. Lanzarote y Meleagón se enfrentan a caballo en un duelo a muerte, destrozando sus lanzas. La batalla continúa con espadas. El Caballero del Lago le corta la mano derecha a su oponente y luego le propina un golpe mortal en la cara. El traidor Meleagón muere, y la justicia triunfa.
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