"Bajo el signo de la mantícora" de Alexey Pekhov, resumen
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La novela fue escrita en colaboración con Elena Bychkova en 2004. Está ambientada en el estado ficticio de Targera. La arquitectura y las costumbres de este país recuerdan mucho a la España renacentista. En la novela, la magia es dominio exclusivo de la Iglesia del Salvador. Los herejes practican la hechicería del Tentador. Los clérigos los encuentran y los queman sin piedad en la hoguera.
La novela ganó el Premio Portal en 2005. La revista Mir Fantastiki la nombró la mejor novela de fantasía nacional de 2004.
La trama comienza con un asesinato. El capitán de contrainteligencia Fernand Ruiz de Suosa viaja al castillo de Arreda. Se le conoce con el apodo de "el basilisco". Fernand encuentra al mariscal de caballería Miguel de Turissano asesinado. En el despacho del difunto hay pintada una mantícora roja. Una daga peshkhan ha desaparecido de la armería. Allí, el capitán se reúne con dos clérigos de alto rango: el obispo Miguel de Lerro, de la Orden de la Sangre de Briand, y el abad José Nayarra, de la Orden de las Arpías. Los santos padres buscan libros prohibidos en la biblioteca del mariscal. El investigador de la gendarmería Horte sospecha que el asesino conocía al conde.
De camino a la capital, Eskarina, Fernand es atacado por mercenarios. Veto, un fiel servidor del agente de contrainteligencia, muere en la lucha. Fernand mata a varios de los atacantes. Uno de los enemigos usa magia extraña y destruye por completo la casa. El marqués sobrevive milagrosamente y regresa a su mansión. Su amada esposa, Riina, llega poco después. Ella pertenece a la raza de las lamias de ojos verdes y comanda la fragata corsaria "Cocodrilo Lunar". La pareja intercambia noticias y Riina promete ayudar a su esposo.
Los misterios de la mantícora y la búsqueda de un espía
El jefe de contrainteligencia, Ferdinand Vargas, conde de Bragare, le encomienda a Fernand una nueva misión. El capitán debe encontrar a una escurridiza espía andrade llamada Leonora, quien está robando secretos militares de Targuera. Fernand es enviado a la lúgubre prisión de Roperra para aprobar sentencias de muerte. Allí, salva a un enorme guerrero negro, Abomey, de la hoguera. Este pagano, originario de la Tierra de la Costa Lluviosa, jura lealtad inquebrantable a Fernand. Abomey puede comunicarse con los espíritus de sus ancestros y posee extraños poderes.
Los acontecimientos se intensifican. Unos mercenarios desconocidos asesinan a Cheyre, la joven lamia amiga de Fernand. Herida de muerte, Cheyre muere en la puerta de la casa de De Suoz. Entre su ropa se encuentran copias ensangrentadas de documentos eclesiásticos. Fernand se da cuenta de que son precisamente los papeles que el clero buscaba en el castillo del mariscal asesinado. Abomey defiende la mansión de Fernand de otros asesinos. Un sirviente negro invoca a un poderoso espíritu. Este se transforma en el babuino demoníaco Ratannbuta y destroza a los enemigos. Solo sobrevive una mercenaria mestiza, Milena.
Fernand busca pistas. Viaja a un campamento militar cerca del pueblo de Copa. El capitán habla con el coronel de Caero. Resulta que el mariscal asesinado estaba llevando a cabo su propia investigación y casi capturó a Leonora. Fernand encuentra un trozo de papel entre los documentos del conde. En él están escritas las misteriosas palabras "Leonora", "Zorro" y "Arrecife de Coral".
Cerca del campamento, Fernand se topa con sus antiguos enemigos. Son jóvenes nobles de las poderosas familias de Muor y de Dores. Años atrás, masacraron sin piedad a la familia de Fernand. El capitán reta al joven de Muor a un duelo. La lucha tiene lugar sobre un tronco de la barrera de caballos. Fernand hiere levemente al joven y le salva la vida.
Al día siguiente, el marqués se bate en duelo con los guerreros Dores. En esta lucha, Fernando recibe la ayuda del bufón César Silva de Armung. El bufón mata a su oponente, el barón de Caelo, pero pierde un ojo. Fernando se enfrenta al asesino de su hermana, de Belverdes. En un feroz duelo, el capitán resulta herido, pero logra atravesar a su enemigo.
De camino a Escarina, los hermanos Dores tienden una emboscada a Fernand. El marqués y Abomey acaban con los atacantes. Fernand encuentra medallones con la figura de una mantícora alrededor del cuello de los muertos. Empieza a sospechar de la existencia de una sociedad secreta. El capitán cree que esta misteriosa orden está directamente relacionada con Leonora.
La revelación de secretos y el comienzo de una rebelión.
Fernand pone bajo vigilancia el barco «Arrecife de Coral». A bordo se encuentra una mujer pelirroja. El marqués supone que es Leonora. Mientras tanto, el embajador de Andrada, Gerard de Altena, intenta hablar con Fernand en la plaza del pueblo. El embajador niega la participación de su país en los ataques a las aldeas fronterizas. Le entrega a Fernand un dibujo de una mantícora y le aconseja que busque conspiradores entre los militares. En ese momento, un mimo callejero apuñala al embajador y huye. Fernand intenta perseguir al asesino, pero este se esconde tras los muros de un convento.
La muerte del embajador Andrada desencadena el estallido de la guerra. El rey Carlos el Cazador parte con un ejército hacia las fronteras orientales. Escarina permanece bajo el control de las tropas del duque Lossky.
Antes del desenlace, Fernand visita al cardenal José Pablo de Stanuzzi. El anciano cardenal le insinúa al marqués el inmenso valor de los documentos extraviados y le pide que los encuentre para la Iglesia. Poco después de esta conversación, el mariscal de campo Targhera se arroja desde el tejado, bajo el influjo mágico de José Nayarra. Esa misma noche, el cardenal muere repentinamente. El poder sobre la Iglesia pasa a manos de de Lerro.
Fernand emboscó a la mujer pelirroja del barco. Contó con la ayuda del obispo de Lerro y de severos interrogadores clericales. La emboscada tuvo éxito, pero Leonora no era una mujer. El verdadero espía era Jorge, el secretario personal del conde de Bragare. El traidor utilizó la magia del Tentador, pero los clérigos lo capturaron con vida. La mensajera pelirroja fue asesinada por fusileros.
Fernand encuentra los documentos originales de la iglesia. Fueron conservados por Lucrecia, la hija del armero, quien era la amante secreta de Sheir. Sheir cría a una niña con la lamia asesinada. El capitán entrega los documentos al profesor Garte para que los traduzca. Tras leer el texto, el erudito se ahorca horrorizado. Fernand toma la traducción terminada y la lee en su despacho.
Los documentos son los diarios de Sebastián, compañero del Salvador. El texto revela un gran secreto. El Salvador y el Tentador eran hermanos magos comunes. La magia reside en una de cada veinte personas. El Salvador decidió ocultar este conocimiento para preservar su propio poder ilimitado. Los clérigos bloquean los "hilos" mágicos de las personas durante el bautismo. Se reservan la capacidad de realizar milagros solo para sí mismos. El dogma de la Iglesia se basa en antiguas mentiras.
Fernand comprende el peligro de este conocimiento. Decide guardar el secreto. El capitán mata accidentalmente a su viejo amigo Miguel de Turceco, quien resulta ser uno de los conspiradores. El marqués quiere saber la verdad. Abomey ayuda a Fernand a realizar un aterrador ritual nigromántico. Un sirviente negro dibuja símbolos blancos, invoca a los espíritus del cementerio y devuelve temporalmente el alma de Miguel a su cadáver.
El espíritu narra una conspiración del duque Lossky. Los conspiradores se hacían llamar la Orden de la Mantícora. Asesinaron campesinos en aldeas fronterizas para provocar una guerra con Andrada. Esto permitió al duque retirar de la capital las tropas leales al rey. El mariscal asesinado conocía la conspiración e intentó chantajear al abad Nayarra con documentos. El joven de Muora mató al mariscal y, por su propia imprudencia, dejó la marca de la mantícora.
La capital se sume en un sangriento caos. Las tropas del duque Lossky inician una rebelión abierta. Estallan feroces combates en las calles de Escarina. Fernand, Riina y la guardia del duque de Volga se enfrentan a los rebeldes. El obispo de Lerro denuncia a los conspiradores como herejes. La Guardia Eclesiástica destruye la orden del abad Nayarra. Nayarra es capturado. Los realistas logran la victoria en Escarina gracias a la artillería de la fragata corsaria de Riina.
Por la mañana, Fernand entrega los originales de los escritos de San Agustín al obispo de Lerro. El obispo los quema en una hoguera. Sabe que la verdad destruirá la frágil paz. Fernand niega haber leído la traducción. El capitán guarda el secreto para siempre.
La novela concluye con una conmovedora escena a la orilla del mar. Fernand y Riina contemplan las imponentes olas. La rebelión en Escarin ha sido sofocada, pero la guerra civil en Targher apenas comienza. La pareja se abraza con fuerza, dispuesta a afrontar juntos las pruebas que se avecinan.
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