"Echelon to Samarkand" de Guzel Yakhina, resumen
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Este libro narra la conmovedora historia del rescate de cientos de huérfanos transportados desde la región del Volga, azotada por una terrible hambruna, hasta la próspera Asia Central. Publicado en 2021, el texto destaca por sus descripciones naturalistas de la vida de los refugiados y niños sin hogar, cuya supervivencia dependía por completo de un puñado de grano o un vaso de agua potable. La trama se inspira en los acontecimientos históricos del otoño de 1923, cuando el gobierno soviético organizó trenes ambulancia especiales para evacuar a los niños al sur del país.
En 2022, esta novela ganó el premio del público al prestigioso galardón literario nacional "Big Book".
Formación del equipo en Kazán
La acción comienza en Kazán en octubre de 1923. Deyev, un joven veterano de la Guerra Civil, recibe una orden difícil: comandar un tren hospitalario y transportar quinientos niños desnutridos desde orfanatos locales hasta Samarcanda. La orden de formar el tren se emitió a principios de otoño. Deyev se ve obligado a visitar personalmente los orfanatos de la ciudad, donde reinan la insalubridad y la desesperación. Selecciona a los niños más débiles para darles al menos una mínima posibilidad de sobrevivir.
El tren está compuesto de forma desorganizada. Consta de cinco vagones de compartimentos viejos y destartalados, un antiguo vagón de primera clase y una iglesia móvil. Esta iglesia ha sido convertida apresuradamente en una enfermería estrecha. Se ha añadido al tren una cocina-granero improvisada. El exterior del tren parece una guirnalda andrajosa. Los niños se encuentran en pésimas condiciones físicas, muchos de ellos con problemas de salud preexistentes.
Una comisaria infantil llamada Belaya es enviada para ayudar a Deyev. Es conocida por su carácter firme, su integridad y su estricta obediencia a las instrucciones. Deyev, por otro lado, es bondadoso, suele actuar espontáneamente y está dispuesto a arriesgarlo todo para salvar a los huérfanos. La relación entre el comandante del tren y la comisaria es tensa. Un paramédico anciano llamado Bug, una joven cocinera llamada Memelya y varias enfermeras parten con ellos. El equipo sube a los niños a los vagones y el tren inicia su viaje de 4200 kilómetros.
Las primeras dificultades en el camino
Desde los primeros días del viaje, la tripulación sufre una grave escasez de alimentos, medicinas y leña seca. Deyev se ve obligado a buscar comida en cada estación utilizando diversos métodos. Intercambia bienes del gobierno y suplica a los funcionarios locales que le den al menos raciones mínimas de harina y grano. A veces, el jefe de tren recurre al engaño y la astucia. Para él, salvar a los hambrientos se convierte en una cuestión personal. Al cuidar de los huérfanos, el joven veterano intenta expiar sus propios pecados sangrientos de la guerra anterior.
Belaya se esfuerza por mantener un orden estricto en los vagones. Controla rigurosamente la distribución de las escasas provisiones de comida entre los niños, intentando evitar el pánico generalizado. Durante el trayecto, los pasajeros ven a miles de personas indigentes: campesinos, soldados y refugiados vagando por los caminos, buscando también refugio del hambre. Los pasajeros del tren soportan el frío de la noche y sufren una sed intensa. La locomotora se ve obligada a detenerse en medio de las estepas desiertas debido a averías o falta de combustible. En esos momentos, la tripulación debe recoger viejas traviesas de madera y maleza seca para alimentar la caldera.
La vida de los niños de la calle en la carretera
El tren transporta a una gran variedad de niños: huérfanos muy pequeños y adolescentes curtidos por la vida en la calle. Todos comparten la terrible experiencia de la desnutrición prolongada. Su estado físico aterroriza a los adultos: muchos tienen el vientre hinchado, los brazos delgados y los ojos hundidos. Durante el viaje, los pequeños deben reaprender a vivir en grupo y a obedecer reglas sencillas.
Dentro de los vagones del tren, los huérfanos forman una comunidad infantil única. Se comunican con su propio argot callejero, comparten recuerdos desgarradores de familias perdidas y sueñan con un futuro próspero en el sur. Belaya intenta inculcarles disciplina y les enseña las normas básicas de higiene. Deyev busca reconfortarlos con calidez humana, contándoles a menudo cuentos alentadores antes de dormir. Los adultos hacen todo lo posible por preservar la cordura y la dignidad de los niños a su cargo.
Colisiones y peligros
La ruta del tren atraviesa las interminables estepas kazajas y los abrasadores desiertos hasta llegar a las montañas de Turkestán. Durante este largo viaje, la tripulación se encuentra con una gran variedad de personas. Deyev se topa con severos agentes de seguridad locales, antiguos Guardias Blancos, campesinos sumidos en la desesperación por la pobreza y brutales unidades Basmachi. Cada encuentro supone una amenaza inminente para el tren, con la muerte o la pérdida de valiosas pertenencias.
Un día, el comandante del tren se ve obligado a negociar directamente con un grupo armado. Arriesgando su propia vida, convence a los comandantes de que no toquen el tren hospital que transporta huérfanos enfermos. Deyev entrega algunas de sus escasas pertenencias y provisiones a cambio de permitir que el tren atraviese territorio peligroso.
Belaya también demuestra una fortaleza increíble. Protege a los huérfanos de las acciones arbitrarias de funcionarios bien alimentados en los cruces principales. Gradualmente, se desarrolla un profundo respeto mutuo entre los dos líderes, tan diferentes en carácter. Comprenden que solo uniendo fuerzas podrán traer de vuelta a casa con vida al menos a algunos de sus pequeños pasajeros.
Ensayos de infección y calor
Durante su travesía por los desiertos abrasadores, el convoy se enfrenta a duras condiciones de calor intenso y escasez de agua potable. Los niños comienzan a debilitarse por la deshidratación. El paramédico Bug trabaja sin apenas dormir, utilizando todos sus conocimientos médicos y sus suministros de vendajes. Lucha contra el cólera, la fiebre tifoidea y la sarna. Con tan pocos medicamentos a su disposición, el doctor recurre con frecuencia a remedios caseros y hierbas medicinales.
El cocinero de Memel demuestra a diario su ingenio. Prepara sopas ligeras con ingredientes de lo más variopintos, mezclando harina con restos de verduras. Deyev busca nuevas fuentes de agua en estaciones de tren abandonadas, discutiendo con los lugareños por cada cubo de agua potable. El tren avanza lentamente debido a las vías dañadas y los montones de arena. El trabajo coordinado de todo el equipo ayuda a evitar la muerte masiva de niños durante la travesía por las tierras áridas.
Llegada a su destino
Tras atravesar arenas abrasadoras y peligrosos pasos de montaña, sobrevivir a ataques de bandidos y terribles epidemias, el tren se acerca al tan anhelado Turkestán. Agotados por el largo viaje, niños y adultos están al borde del agotamiento físico extremo. Samarcanda se presenta ante ellos como una vasta ciudad de salvación largamente esperada. Goza de un clima cálido del sur, abundancia de fruta fresca y un suministro constante de alimentos nutritivos. La llegada del tren médico va seguida de la rápida distribución de los niños supervivientes a los amplios y limpios refugios locales.
El revisor entrega a sus pasajeros a las autoridades municipales cumpliendo con toda la documentación necesaria. Para Deyev, la culminación de este largo viaje representa una purificación de su conciencia, liberándola de los pecados de la guerra. Belaya también cambia su visión rígida de la vida. Empieza a comprender el valor de la auténtica compasión humana frente a las frías órdenes burocráticas.
Una vez entregados todos los documentos y asignados los huérfanos a los hospitales, el trabajo del equipo finaliza oficialmente. Deyev decide no regresar a Kazán. Permanece en la soleada Samarcanda para encontrar su lugar en la nueva y pacífica realidad e intentar comenzar una vida tranquila desde cero.
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