Resumen de "Adolescencia" de Anna Starobinets
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«Adolescencia» es la primera colección de relatos de Anna Starobinets, publicada en 2005. En ella, la vida cotidiana, los miedos infantiles, las disputas familiares y la monotonía urbana se adentran rápidamente en el terreno del terror corporal y la fantasía perturbadora. Este libro destaca porque casi todos los sucesos más aterradores no provienen de catástrofes excepcionales, sino de la vida diaria: conflictos escolares, un apartamento pequeño, un viaje en tren, enfermedades, soledad y la ruptura familiar.
En 2013, el relato homónimo de esta colección fue galardonado con el premio español Premios Nocte, lo que otorgó al libro y a su autor un importante reconocimiento internacional en el género de terror.
La historia "Adolescencia"
El tema central del libro comienza con el recuerdo de Marina del último buen día en la vida de su familia: camina por el bosque de Yasenevo con sus gemelos, Maxim y Vika, mientras los pájaros vuelan a baja altura a su alrededor, como si presintieran problemas. Incluso entonces, Maxim le dice a su madre que no le gusta ese lugar, un comentario que más adelante adquiere un significado más sombrío.
Marina vive sola, los niños crecen cerca, pero pronto surge una profunda brecha entre ellos. Vika se mantiene delgada, activa y observadora, mientras que Maxim se vuelve cada vez más retraído, grosero y comienza a infundir un miedo casi animal en quienes lo rodean. Cuando tiene diez años, la escuela se alarma por su extraño comportamiento: le quita el almuerzo a un compañero débil y amenaza con estrangularlo y enterrarlo en el bosque.
A los doce años, los cambios son innegables. Maxim está subiendo de peso rápidamente, casi no se baña, su habitación está llena de un olor fétido y Vika insiste en que hay insectos en su cama e incluso sobre su hermano. Marina no quiere reconocer la gravedad del problema: le resulta más fácil pensar que su hijo simplemente está pasando por un mal momento y que su hija exagera y está celosa.
La vida familiar también se desmorona en este momento. El hombre que intentó acercarse a Marina prácticamente desaparece de sus vidas; su madre se cansa, se irrita y deja de percibir el orden extraño y peculiar que se ha instalado en la habitación de Maxim. El niño come azúcar, miel y dulces en cantidades alarmantes, esconde su comida, vive rodeado de su propio hedor y cada vez parece menos alguien a quien se pueda reconducir con una simple conversación o un gesto de cariño.
Lo que hace que esta historia sea particularmente aterradora es el "Diario de Maxim", donde al principio escuchamos la voz de un niño común y corriente: jactancioso, resentido, apegado a su padre y hostil hacia su hermana. Gradualmente, los errores, la incoherencia y el lenguaje infantil comienzan a revelar no solo ingenuidad, sino una desintegración interna de la personalidad: una voluntad ajena despierta en el niño, y su cuerpo y mente se convierten en el entorno de otro ser. A través de estas entradas, vemos cómo el horror cotidiano se transforma lentamente en una pesadilla biológica.
La historia de Vika transcurre paralelamente a esta mutación y la pone de relieve. La chica crece, intenta llevar una vida adolescente normal, se preocupa por su aspecto, el colegio y su lugar entre sus compañeros, pero la casa ya está infectada con algo que le impide tener un futuro normal. Mientras Marina espera explicaciones que se ajusten a la lógica convencional, los problemas de la familia se manifiestan como un proceso real y tangible.
El final traslada la acción a una madriguera en el bosque, donde Marina encuentra a sus hijos muertos; sus cuerpos, vacíos y rígidos, yacen ante ella. Cerca hay criaturas recién nacidas, un niño y una niña, y hormigas corretean a su alrededor, impidiendo que su madre se acerque demasiado. Marina carga con los cuerpos de Maxim y Vika, entierra al bebé muerto y, desde ese día, lleva azúcar al bosque a diario, pues no puede dejar de considerar a esos monstruos como sus hijos.
Historias
En el relato «Los vivos», una mujer acepta el regreso tecnológico de su difunto esposo. Un enorme acuario con una solución especial es llevado al apartamento, y la protagonista observa cómo el hombre que una vez amó renace de sus restos. La tensión reside en la contradicción entre la esperanza y la repulsión: técnicamente, el esposo regresa, pero la sola posibilidad de tal regreso resulta más aterradora que la muerte.
«Familia» comienza con una escena casi cotidiana: Dima sube a un tren a última hora y se queda dormido en un compartimento vacío. Entonces, la realidad del tren se vuelve inestable: un hombre discapacitado aparece a su lado, con la cabeza abierta, de donde saca uvas y comida, y el viaje se sumerge cada vez más en un sueño lúcido, vil, absurdo y aterrador. Aquí, el viaje ordinario se convierte en una trampa, donde la presencia de cuerpos y voces extrañas destruye la sensación de normalidad del protagonista.
En «Agencia», el protagonista sigue un camino fangoso entre cobertizos cubiertos de lodo y excremento hacia una misteriosa institución que supuestamente resolverá sus problemas. En lugar de claridad, se encuentra en un mundo de humillación, burocracia tediosa y amenazas ocultas, donde la persona deja rápidamente de ser un individuo para convertirse en una mera función. La historia se construye sobre el choque entre la pobreza cotidiana y una autoridad sin rostro que parece casi infernal.
"La Grieta" se desarrolla en el interior de un apartamento, donde un padre observa brevemente a su hija pequeña jugando en la alfombra. De esta tranquila escena doméstica surge el horror: una grieta se abre en el mundo familiar, por la que algo extraño y peligroso comienza a infiltrarse en el espacio familiar. La fuerza de la historia reside en que la amenaza no proviene del exterior, sino del propio hogar, donde el padre confía en la seguridad de la niña.
En «Reglas», un niño llamado Sasha camina por la calle siguiendo obsesivamente un orden preestablecido: cuenta, sortea grietas y vigila sus pies, seguro de que un error le acarreará un desastre. Poco a poco, este ritual infantil se apodera de todo lo que le rodea, y el asfalto, las grietas, los escalones y los obstáculos aleatorios se transforman en un riguroso sistema de pruebas. La historia transmite con precisión cómo el miedo crea su propia mecánica y cómo un niño se convierte en prisionero de su propia forma de defenderse.
«La eternidad de Yasha» comienza con una enfermedad que al principio parece casi normal: debilidad, dolores, fiebre leve, despertar temprano. Entonces Yasha descubre que los cambios no afectan a su bienestar, sino a la esencia misma de su cuerpo y su vida. La historia conduce al protagonista a un estado donde el tiempo, la carne y la conciencia dejan de obedecer las normas humanas, y la palabra «eternidad» no suena a consuelo, sino a condena.
El relato más grotesco y, a la vez, más lamentable de la colección es «Estoy esperando». Su protagonista narra la historia de una criatura que creció en su casa a partir de comida olvidada: la ama, la esconde, renuncia al trabajo y a la gente por ella, y luego observa impotente cómo quienes llegan con máscaras antigás la destruyen con productos químicos. Tras esta pérdida, comienza a esperar de nuevo el nacimiento de una nueva vida, esta vez de manzanas asadas cubiertas de una pelusa blanca, y esta última esperanza consuma su locura.
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