Resumen de "El susurro del mar" de Alexey Pekhov.
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La historia romántica y trágica de un joven llamado Til se desarrolla en un pequeño pueblo costero a orillas del Mar de Uvas. La obra fue creada en 2006. El rasgo distintivo de esta íntima novela fantástica reside en su profunda introspección psicológica, donde el entorno místico sirve simplemente de telón de fondo para mostrar los vicios humanos, el egoísmo y la verdadera naturaleza de la lealtad. El texto, presentado en su totalidad, no forma parte de los ciclos más amplios del autor, sino que se presenta como una historia completa con una trama concisa pero cargada de emoción.
Dos pasiones del joven Til
Til, de dieciocho años, tiene fama entre los supersticiosos habitantes de un pueblo pesquero de ser un hombre extraño con un alma robada. Tres años atrás, durante una fuerte tormenta, su frágil barca naufragó, el joven bebió demasiada agua y estuvo a punto de morir. Fue salvado por el dulce y encantador canto de una mujer del mar, a quien la gente llama con desprecio y temor "Sangre Fría". Til despertó en la orilla, completamente sano, y una semana después regresó a una roca apartada llamada El Dedo, donde la sirena ya lo esperaba.
A partir de entonces, cada verano, Til acudía regularmente a la roca justo antes del atardecer, realizando peligrosos saltos sobre las resbaladizas rocas costeras. La sirena llegaba en el mismo instante en que el sol tocaba el horizonte y se marchaba inmediatamente después de la puesta del sol. Su aspecto recordaba al de una niña ahogada de trece años: un cuerpo esbelto y blanco como la leche, una cola de pez plateada, dedos palmeados, labios azules y escaso cabello blanco. Sin embargo, sus enormes ojos color océano poseían una belleza increíble, y sus cantos puros y poderosos combinaban la sabiduría de las profundidades con el lamento de un sol que se desvanecía.
La segunda pasión terrenal del joven era Miika, de cabello negro, hija del respetable y acaudalado dueño de la taberna local, el Ancla Dorada, el Maestro Rugo. Til estaba perdidamente enamorado de ella, pero su severo padre miraba a su pobre pretendiente con evidente recelo, escuchando con frecuencia los oscuros chismes de los clientes habituales sobre las conexiones del muchacho con espíritus malignos. El asentamiento era pequeño, inhóspito y olía a pescado, y Rugo era considerado un hombre influyente en la zona.
Una cruel prueba de amor
En vísperas de la tradicional fiesta del pueblo, Piscis, Til se aventuró a entrar en la taberna desierta para pedirle permiso a Rugo para asistir a un baile nocturno con Miika. Dentro, el posadero jugaba a las cartas con dos de sus viejos amigos y sirvientes: Dugach y un marinero taciturno de ojos azules. Circulaban rumores de que el trío había sido pirata, blandiendo sables, y que el propio Rugo supuestamente se había deshecho brutalmente de su infiel esposa y su amante.
Al oír la tímida petición del joven enamorado, el posadero se negó rotundamente, alegando que Til había dejado de ser humano debido a su amistad con la sirena. Cuando el joven, desesperado, declaró estar dispuesto a demostrar sus sentimientos, el sirviente de ojos azules propuso una prueba al posadero que había orquestado el plan. Rugo sacó una pesada ballesta de debajo del mostrador y exigió que Til matara a la criatura marina que le cantaba.
El joven se horrorizó al principio, recordando la vida que había salvado y la sensibilidad de las sirenas para detectar las intenciones de un asesino. Dugach le explicó cínicamente el funcionamiento del arma y le aseguró que el tirador tendría unos segundos antes de que la víctima adivinara sus intenciones. A cambio, Rugo prometió no solo bendecir el matrimonio con su hija, sino también dejarle a su yerno todo su próspero negocio. Til pidió tiempo para pensar.
Poco después, la propia Miika lo interceptó en la zapatería. Arrastrándolo a un estrecho pasadizo entre los edificios, lo besó apasionadamente, dejándole un sabor a menta en los labios, y le rogó que se sometiera a esa insensata prueba, destruyendo a los Sangre Fría por el bien de su futuro juntos. Ese beso dejó a Til completamente aturdido, sumiendo sus pensamientos en una densa y espesa bruma pantanosa.
Elección en Finger Rock
Ya entrada la noche, pálido y agotado por el esfuerzo, Til regresó al Ancla Dorada en busca de armas. Dugach le recordó que los habitantes del pueblo necesitarían pruebas irrefutables del asesinato y le exigió que trajera la preciosa perla que, según la leyenda, se esconde en el interior del cuerpo de cada sirena. El marinero de ojos azules le entregó al joven su afilado cuchillo de pesca curvo, ofreciéndose a abrirle el vientre a la víctima como si fuera una lisa común.
Til partió hacia Finger Rock, no sobre las rocas, sino directamente por el fondo, con el agua hasta la cintura, empuñando una ballesta cargada. En el camino, recuperó la claridad por un instante y lo invadió un miedo terrible al darse cuenta del crimen que estaba a punto de cometer, pero insistió obstinadamente en que debía demostrar su humanidad.
Cuando el sol estaba a medio camino bajo el horizonte, la sirena no apareció, por primera vez en tres años. Til se dio cuenta de que la criatura conocía su plan. Sin embargo, pronto nadó lentamente hacia él, dándole deliberadamente una oportunidad. En lugar de un salto precipitado, se acercó dócilmente y cantó una canción completamente nueva: suave, compasiva y llena de sabiduría oceánica.
Las miradas del hombre y la sirena se encontraron. Cayó la noche, aparecieron las estrellas, el viento levantó olas que rompieron contra el acantilado de granito. La sirena enmudeció, pero permaneció inmóvil, esperando dócilmente la decisión. Til susurró una disculpa y alzó su pesada arma.
Final trágico y desaparición misteriosa
A la mañana siguiente, los habitantes del pueblo descubrieron el cuerpo del amo Rugo en el suelo de su propia posada: el antiguo pirata había sido atravesado por una flecha de ballesta. Llamaron a los guardias y, sin más dilación, arrestaron a Dugach y a su compañero de ojos azules, que dormían profundamente entre botellas vacías de ron. Una ballesta descargada yacía cerca. Los sirvientes borrachos intentaron alegar que el amo le había dado el arma a Til para una cacería de sirenas, pero su testimonio fue considerado una mentira absurda y pronto fueron ahorcados sin piedad en la pescadería.
Lograron obtener una orden de búsqueda para el propio Til, pero nunca lo encontraron ni en la ciudad ni en la costa. Los guardias interrogaron a Miika, a quien hallaron durmiendo plácidamente en la cama del pescador Pans. Entre lágrimas, la joven afirmó que Til había llegado a la plaza en medio de las festividades, la había visto bailar con Pans, se había marchado sin decir palabra y había desaparecido para siempre. Desestimó sus llamadas matutinas para asesinar a Sangre Fría como una broma estúpida e insignificante.
Entre los lugareños surgieron muchos rumores: algunos creían que el muchacho se había marchado a buscar fortuna a las Tierras Libres, otros que se había ahogado borracho, y otros más insistían en que Sangre Fría lo había arrastrado al fondo. El misterio de la desaparición del joven quedó sin resolver. La Sirena tampoco volvió a acercarse a estas costas, dejando el Dedo completamente solo. Solo durante las feroces tormentas otoñales la vieja roca parece oír, entre el rugido de las olas y el aullido del viento, una canción o un lamento inconsolable.
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