Resumen de "El diario de un provincial en San Petersburgo" de Mikhail Saltykov-Shchedrin
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La obra del satírico ruso fue creada y publicada en 1872. Escrita en forma de entradas de diario, utiliza un lenguaje esópico para disfrazar la sátira política sobre la nobleza posterior a la reforma y la intelectualidad liberal, ocultando su filosofía tras sueños grotescos y situaciones cómicas.
Escapa a la capital y busca la vida.
Un héroe provincial anónimo huye de un pueblo de provincias detestable rumbo a San Petersburgo. Espera encontrarle sentido a su vida, lejos de las conversaciones vulgares y los intereses mezquinos de su tierra natal. A bordo del tren, descubre con horror que casi toda su provincia natal viaja con él. Terratenientes conocidos suyos viajan para negociar lucrativas concesiones ferroviarias. Entre sus compañeros de viaje, destaca el insolente y sin escrúpulos Prokop. La capital recibe a los recién llegados con gran bullicio. La comunidad provincial se instala en el Grand Hotel.
El protagonista se ve inmerso en el torbellino de la insustancial actividad metropolitana. Sus compatriotas pasan los días llamando a las puertas de los ministerios. Por las noches, se reúnen en el restaurante de Eliseev, derrochando fortunas, bebiendo champán y adulando al antiguo campesino, ahora poderoso magnate ferroviario, Bubnovin. El provinciano se cansa de esta ruidosa sociedad y decide buscar una vida intelectual. Visita a sus antiguos compañeros de escuela, que han ascendido a altos cargos gubernamentales. Descubre que la vida espiritual de los consejeros estatales se reduce a venerar al cantante de opereta Schneider. El protagonista va al teatro, ve espectáculos frívolos, bebe toda la noche y pierde su humanidad. Al despertar, sufre una fuerte resaca y una dolorosa sensación de vacío interior.
Proyectos reaccionarios
Cansado de la depravación, el provinciano intenta comprender lo que sucede. Prokop le introduce en las nuevas tendencias políticas. La nobleza provincial, tras perder el poder absoluto sobre los campesinos, urde en masa planes absurdos de reorganización social. Estos documentos aterrorizan al protagonista por su sed de sangre y estupidez. El terrateniente Poskudnikov exige la ejecución total de todos los disidentes. El corneta retirado Tolstolobov redacta un extenso plan de descentralización, soñando con restaurar el derecho de los terratenientes locales a golpear impunemente a la gente. El consejero titular Filoveritov propone un complejo sistema de estupefacción moral, exigiendo que los jóvenes se vean obligados a leer únicamente libros de fantasía. El teniente coronel Sdatochny insiste en una reorganización radical de la Academia de Ciencias. Quiere encomendar a los nobles ignorantes la tarea de erradicar el conocimiento dañino.
El provinciano quema esos papeles aterradores en la chimenea. El protagonista quiere olvidar lo que ha leído. La realidad de San Petersburgo no le asusta menos. Asiste a fiestas multitudinarias organizadas por dignatarios de alto rango. Allí, eminentes aristócratas suspiran hipócritamente por la decadencia de Rusia y escuchan la lectura de absurdos panfletos conservadores.
Unión de Espumistas
Buscando la salvación de los reaccionarios, el héroe recurre a la intelectualidad liberal. Allí se reencuentra con su viejo amigo de la universidad, Menander Prelestnov, quien ahora dirige el popular periódico «El esquiador de espuma más antiguo de toda Rusia». Menander invita al intrigado provinciano a unirse a un círculo secreto de esquiadores de espuma de la capital.
Las reuniones de estos personajes provocan una profunda desilusión en el héroe. Los liberales han creado su propia carta tácita. Sus reglas fundamentales exigen no llegar nunca a conclusiones claras, ser temerosos y quedarse con lo esencial de los temas seguros. Los periodistas Neuvazhai-Koryto y Hemlock pasan años elaborando pruebas pseudocientíficas sobre los orígenes suabos del héroe folclórico Churilka. El publicista Neskladin escribe editoriales vacías e interminables sobre plazos fiscales precisos. Estas personas temen la censura estatal. Limitan sus horizontes y ahogan el pensamiento público vibrante en un poderoso torrente de palabrería vacía. El héroe comprende que los liberales cobardes no son mejores que los conservadores sanguinarios.
En un experimento audaz, el provinciano comienza a escribir artículos absurdos para el periódico. Redacta extensos textos sobre la posibilidad de combinar la jardinería con la cría de cabras. El periódico de Menandro publica con entusiasmo este disparate pseudocientífico. El provinciano gana una fortuna, pero se siente completamente devastado espiritualmente.
Sueño de un millón
La conciencia cansada y enferma del héroe da lugar a pesadillas. Sueña que era un rico recaudador de impuestos y que murió en una habitación amueblada. Prokop, que casualmente se encontraba cerca en el fatídico momento de la muerte, roba un millón de rublos del cofre del difunto. El alma del hombre provinciano se separa de su cuerpo y observa lo que sucede.
Las dos codiciosas hermanas del difunto, originarias de Vetluzha, heredan el millón robado. Un cínico abogado de San Petersburgo, Khlestakov, llega para verlas. Por una ínfima suma, les compra a las ingenuas hermanas el derecho exclusivo a llevar el caso. Se desata un juicio grandilocuente y escandaloso. El seguro de sí mismo Khlestakov se enfrenta a los astutos abogados del acaudalado Prokop.
Prokop soborna a los testigos adecuados. El posadero Gavryushka y el astuto comerciante Strelnikov dan falso testimonio a su favor. El jurado absuelve por completo al descarado Prokop, declarando que la ingeniosa malversación del millón ajeno es perfectamente natural. Tras ganar un juicio difícil, Prokop emprende su triunfal viaje por las ciudades rusas, tanto grandes como pequeñas. En todas partes lo reciben con gran honor. Las autoridades locales halagan al acaudalado ladrón y le piden dinero para diversas necesidades de la ciudad. La justicia se derrumba.
Congreso y Tribunal Estadístico
La siguiente pesadilla del protagonista está estrechamente ligada al Congreso Internacional de Estadística. El provinciano se convierte en delegado oficial de esta fastuosa reunión científica. El congreso se celebra en una taberna de San Petersburgo. Los científicos extranjeros Quettle, Levasseur y Farr exigen champán. Brindan largamente y devoran con avidez pasteles rusos. Famosas figuras literarias están presentes en el congreso. El protagonista se encuentra con el anciano Rudin, Kirsanov y Lavretsky de Turguénev, y con el radical Mark Volokhov de Goncharova.
Las reuniones científicas degeneran en una farsa total. El severo inglés Farr propone añadir una partida específica para espías a las estadísticas oficiales. El astuto francés Levasseur pronuncia un discurso apasionado y persuasivo en defensa del espionaje. Los participantes del congreso aplauden al orador.
De repente, la policía irrumpió en la sala. Resultó que todo el congreso era una elaborada trampa. Los invitados extranjeros se quitaron las máscaras. El liberal Levasseur se reveló como el corneta retirado Shaloputov. La policía acusó al desconcertado provincial y a sus amigos de una peligrosa conspiración estatal.
Comienza un juicio absurdo y a puerta cerrada. Unos jueces jóvenes e inflexibles interrogan a los detenidos. Obligan al asustado protagonista a confesar que simpatiza con ideas absurdas y destructivas. Los jueces intentan acusar al provinciano de pretender destruir el estado mediante la imposición de vacunaciones obligatorias contra la viruela. El protagonista está dispuesto a confesar cualquier crimen monstruoso con tal de evitar los trabajos forzados en Siberia. Le entrega garantías a un funcionario corrupto como soborno. Pronto queda claro que todo el horrible juicio fue una broma cruel e inútil. Unos ociosos bromistas de la ciudad decidieron burlarse de los ingenuos y crédulos provincianos.
Hospital para enfermos mentales
Una serie de sucesos impactantes de la vida real y sueños aterradores y debilitantes hacen añicos la cordura del protagonista. Un hombre de provincias despierta en un lúgubre hospital psiquiátrico.
En completa soledad, llega a una conclusión amarga y decepcionante sobre sus recientes observaciones en la capital. Divide a las figuras públicas modernas en dos tipos principales. Al primero lo llama el depredador. El depredador es descarado, cínico y obsesionado con el dinero fácil. Este es el hombre nuevo, que conserva los modales toscos del antiguo amo y siervo. Aparta a todos a codazos y roba a sus vecinos indefensos. Pero incluso el depredador exitoso siente un profundo vacío interior y sufre por la absoluta falta de sentido de su existencia activa.
El segundo tipo es el llamado "oportunista". El oportunista es cobarde y patético. Teme la confrontación abierta y prefiere mendigar pequeñas limosnas. Este tipo de persona se regodea en problemas insignificantes e inofensivos, evitando la cruda realidad de la vida. El oportunista habla con dulzura del bien común de la sociedad, pero en realidad, solo tranquiliza y calma la conciencia de los demás.
El héroe reconoce su impotencia ante esta sombría y opresiva realidad. La sociedad ha llegado a un punto muerto. Los antiguos y elevados ideales han sido destruidos, y nunca se han creado otros nuevos. La vida se ha convertido en un espejismo ominoso, donde reinan la profunda desesperanza y un vacío ensordecedor.
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