Resumen de "Un relato de la razón" de Mikhail Zoshchenko.
La obra autobiográfica y de no ficción de Mikhail Zoshchenko, escrita en 1943, explora la naturaleza de las fobias humanas y las posibilidades de superarlas mediante la consciencia. Este libro es una continuación directa de la investigación del autor sobre la salud psiconeurológica humana. Concluye la famosa trilogía autobiográfica del escritor, que también incluye «La juventud recuperada» (1933) y «El libro azul» (1935).
En busca de las causas de la ansiedad mental y el simbolismo de los sueños.
El autor relata su larga lucha contra una profunda melancolía, depresión e inexplicables terrores nocturnos que lo atormentaron desde su juventud. Mendigos lo visitaban con frecuencia en sus pesadillas, provocándole una sensación de terror. Para comprender la naturaleza de estas experiencias, el escritor recurre a sus memorias y cuadernos.
Primero recuerda un incidente de cuando tenía tres años, cuando su madre, en tono de broma, lo entregó a un mendigo. Más tarde, un sueño sobre el anciano artista Pavel Petrovich Chistyakov lo transporta de nuevo a aquel episodio de su infancia. Tras la muerte de su padre, su madre llevó al pequeño Misha a ver a Chistyakov para solicitar una pensión. La larga espera en el pasillo y la frialdad del funcionario hicieron que el niño se sintiera como un mendigo.
Analizando la atmósfera de un mundo pasado, el autor evoca escenas de la vida prerrevolucionaria: multitudes aburridas en la playa de Sestroretsky, un salón refinado donde un poeta decadente desaloja a un pariente pobre, y trabajadores temporeros que esperan horas para cobrar su salario de un terrateniente adinerado. La historia del poeta Alexander Tinyakov (A. Tv) ocupa un lugar especial. Hasta 1912, escribió poesía refinada, pero tras los acontecimientos revolucionarios, se convirtió en un mendigo cínico en la avenida Liteiny Prospekt, pidiendo limosna con la frase: «Denle una limosna al antiguo poeta».
El autor descompone gradualmente la imagen del mendigo en sus componentes elementales. El mendigo extiende una mano que toma o quita. En el inconsciente, esta misma mano extendida se convirtió en un símbolo de amenaza y privación. En la realidad, este miedo se manifestó en un deseo obsesivo de cerrar todas las puertas con cerrojos y ganchos.
El trauma infantil y la formación de reflejos condicionados
La interpretación de los sueños revela nuevas imágenes simbólicas. En las habitaciones del autor aparecen tigres que exhalan un aliento caliente y emiten rugidos atronadores. Al igual que el mendigo, el tigre representa a un depredador que ataca, desgarra y devora a su presa.
Al comparar los hechos, el autor descubre cuatro estímulos condicionados que moldearon su psiconeurosis: el agua, una mano, un pecho y un golpe (un trueno o un disparo). A los dos años, fue sometido a una cirugía de urgencia sin anestesia debido a una septicemia. Le quedó una cicatriz de tres centímetros. La mano del cirujano, sosteniendo un bisturí reluciente, quedó grabada en su subconsciente como la garra de una bestia depredadora.
La segunda fuente de trauma está relacionada con la alimentación. Su madre lo destetó recién a los dos años y dos meses, untándole el pezón con quinina, lo que lo llevó a asociar la comida con veneno. Estos temores se agravaron con una fuerte tormenta de verano: un rayo mató a una vaca en el corral, y la madre se desmayó del susto y dejó caer al bebé, hiriéndole el brazo. En la sensible psique del niño, el contacto con el pecho de su madre quedó inexorablemente asociado con el trueno y la catástrofe.
La vida adulta recreó estas escenas infantiles. El simple contacto con la comida le provocaba calambres y náuseas, obligándolo a tomar medicamentos o a rechazar la comida por completo. La imagen de una mujer, asociada al pecho materno, desencadenaba un reflejo defensivo: el autor anhelaba el amor y, al mismo tiempo, huía de él, esperando una represalia en forma de disparo, enfermedad o muerte. Los infartos en el regimiento tras un bombardeo o en Tuapse durante una tormenta eléctrica le servían como defensa neurótica, permitiéndole escapar de situaciones peligrosas.
Fisiología versus psicoanálisis
El autor cuestiona abiertamente las enseñanzas de Sigmund Freud, quien redujo todas las neurosis a deseos sexuales y al complejo de Edipo. El escritor se basa en la teoría de los reflejos condicionados y la actividad nerviosa superior de Iván Pavlov. La base de la psiconeurosis infantil reside en el instinto de autoconservación, en el miedo a perder el alimento y a morir, y no en impulsos eróticos.
Más allá del umbral de la consciencia, el cerebro no piensa en palabras, sino en imágenes simples. El desarrollo mental del niño transformó estos miedos primitivos de la infancia en simbolismos complejos. El cerebro adulto seleccionó argumentos lógicos a posteriori, reforzando conexiones neuronales temporales defectuosas. Estos argumentos, que alcanzan su punto máximo entre los 35 y los 40 años, aíslan a la persona de la vida real.
El método de sanación consiste en iluminar las fobias subconscientes con la luz de la razón y la lógica. Al comprender el lenguaje de su propio inconsciente, el autor rompió las falsas y convencionales conexiones entre desastres y objetos intactos. Tras comprender las verdaderas causas, los miedos disminuyeron y recuperó el apetito, la alegría de vivir y la salud física.
El autor aplicó su exitosa experiencia analítica a conversaciones con otras personas. El poder de los reflejos condicionados se ilustra con historias de conocidos:
- La joven sufrió complicaciones patológicas durante el embarazo hasta que se dio cuenta de su conexión con el miedo que experimentó a los 17 años sobre su primer embarazo, que había mantenido en secreto.
- Un joven se curó de una neurosis gástrica grave al recordar cómo, de bebé, casi se asfixia al mamar de su madre.
- Una estudiante que se lastimó la rodilla recuperó repentinamente la movilidad cuando se dio cuenta de que la lesión en la articulación la había estado protegiendo de los enamoramientos románticos.
- Un artista de circo que cayó en una red tres veces retiró la red inmediatamente después de la actuación y realizó el acto sin errores, rompiendo así la conexión entre la cúpula y el fallo.
Ejemplos históricos y diagnósticos médicos erróneos
En 1943, durante la guerra, el autor escribió su libro para defender la conciencia humana de la ideología nazi, que glorificaba la barbarie y el culto a la bestia. Analizando los casos bioclínicos de grandes personalidades, el autor demuestra que su profunda melancolía no se debía al esfuerzo mental, sino a trastornos funcionales inconscientes.
Edgar Allan Poe sufrió traumas desde la infancia: perdió a sus padres a los dos años, casi se ahoga en un estanque a los cinco y realizó dos arduas travesías oceánicas. Debido a su miedo al agua y a un temor inconsciente hacia las mujeres, el escritor ahogó su melancolía en alcohol.
Nikolai Gogol padecía convulsiones inexplicables desde los cinco años. Su miedo a las mujeres y su huida secreta de su madre se combinaban con un miedo patológico a su cama; prefería dormir la siesta en una silla. Al final de su vida, Gogol se dejó morir de hambre, atribuyendo su negativa a comer a calambres estomacales y al temor de repetir el destino de su padre.
La autopsia de Nikolai Nekrasov reveló un hígado completamente sano, a pesar de años de tratamiento por una enfermedad hepática. Mikhail Saltykov-Shchedrin no tenía tumores cerebrales, a pesar de sufrir convulsiones severas y dolor ocular. Honoré de Balzac falleció a los 50 años a causa de un ataque de asma durante su boda, como reacción defensiva a su intimidad con Evelina Hanska.
Victoria de la conciencia sobre el miedo a la muerte, el sufrimiento y la vejez.
La razón puede vencer el terror primigenio a la muerte. El inconsciente no logra comprender la esencia de la muerte, lo que da lugar a suicidios absurdos o huidas despavoridas. Ejemplos de valentía consciente incluyen las hazañas heroicas de los soldados, así como las muertes serenas de Mijaíl Lomonósov, Alexander Suvórov, León Tolstói e Ilya Repin. Una actitud tranquila se forja al considerar la muerte como un final natural.
El autor respalda plenamente la idea de Maxim Gorki, expresada en su carta personal, sobre la necesidad de erradicar el sufrimiento y ridiculizar a quienes lo aparentan. El sufrimiento es la vergüenza del mundo y no puede tolerarse.
El problema del envejecimiento también es controlable. Tras interactuar con personas mayores activas, como Bernard Shaw y Philip Cohn, el autor concluye que el envejecimiento se acelera por los miedos y el sedentarismo. Liberar la mente de ansiedades infundadas preserva la frescura de las sensaciones y la claridad mental hasta el final de la vida.
En el epílogo y el posfacio, fechados en octubre de 1943, el autor resume ocho años de trabajo en el libro. Superar su neurosis le devolvió su capacidad creativa. Al son de los fuegos artificiales que celebran el cruce del Dniéper, el escritor parafrasea un antiguo poema, afirmando que las cosas más bellas del mundo son la luz del sol, el arte y la razón.
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